miércoles, 19 de julio de 2017

DE MACRI A VIADERO: PRIVATIZANDO LAS PLAZAS




En los últimos días las redes sociales han ardido a raíz de los carteles colocados en la Plaza Roja (Plaza Baldomero Iglesias, pero la gente del pueblo es tozuda cuando decide poner nombre a un lugar) en los que se prohíbe a los niños y niñas jugar a la pelota, y se amenaza con sanciones. Es normal que las redes ardan por una decisión absurda de políticos completamente alejados de la realidad cotidiana de la gente, y que sin embargo obedecen a unos intereses muy claros.

En realidad, este cartel (y las sanciones aparejadas) sólo son un paso más en la privatización total del espacio público. No nos llevemos a engaño: no se trata de que el tripartito de gobierno no sepa lo que está haciendo. Tienen muy claro los intereses que están defendiendo, y las sucesivas ordenanzas de uso de espacios públicos y terrazas vienen a confirmar esto: el espacio público ya no es para la gente, es para las terrazas. La creciente invasión del espacio público por parte de las terrazas de bares y cafeterías es algo que toda la ciudadanía de Torrelavega puede ver con sólo dar un paseo por la ciudad. Incluso la nueva ordenanza de terrazas permite a los hosteleros y hosteleras ocupar incluso plazas de aparcamiento, tan escasas y difíciles de encontrar.

Esta tendencia creciente de arrebatar al pueblo todo lo público, todo lo que hemos construido entre todas y todos, no es algo exclusivo de Torrelavega: es algo general. Cuando el actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, fue Jefe de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires (cargo equivalente al del alcalde), y llevó esa política neoliberal de privatizar el espacio público a extremos aberrantes, arrebatando plazas públicas a la gente de Buenos Aires y vallándolas para entregárselas a la empresa privada (al margen el hecho de que el vallado costó casi un millón de dólares, y eso sí que lo pagaron los bonaerenses).

El tripartito de gobierno de Torrelavega aún no se ha atrevido a ir tan lejos como Macri, pero están dando los primeros pasos. Pero son tan cutres que la ciudadanía les ha pillado. La Plaza Roja es de la gente de Torrelavega, que por supuesto puede tomarse tranquilamente una cerveza en una terraza, pero los niños tienen derecho a jugar. El bienestar de un cliente nunca se puede anteponer al derecho a jugar de los niños.

Recuerdo en mi infancia, antes de la implantación masiva de videoconsolas y ordenadores, que los niños del barrio salíamos a jugar a la plaza, a la calle. La gente entendía que éramos niños, que estábamos jugando, y que era normal y estaba bien. Si hoy día cuesta despegar a las niñas y los niños de las pantallas para que salgan a la calle a jugar, no es lícito impedirles, precisamente, que jueguen. Los niños y las niñas se relacionan socialmente en las plazas; por medio del juego conocen a otros niños y niñas, desarrollan su empatía y sus habilidades sociales, y aprenden a vivir en sociedad. Claro, si la sociedad en la que queremos que aprendan a vivir los niños es una sociedad en la que todo el espacio público está privatizado y en el que la prohibición y las sanciones sean la norma, entonces la decisión del tripartito es acertada. Pero yo no comparto esa idea de sociedad orwelliana, y por lo que parece, la mayoría de la ciudadanía torrelaveguense tampoco.

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