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martes, 29 de mayo de 2018

¿HACIA DÓNDE VAMOS?



La actividad que menos le gusta realizar al cerebro humano es pensar. Pensar cuesta, pensar duele. Te hace darte cuenta de cosas, y puede echar abajo tus ideas, tus convicciones, en definitiva, tus prejuicios y tu mundo. Por eso, la gran mayoría de cerebros prefiere dedicarse a cualquier otra actividad antes que a pensar: ya sea recordar, o seguir un ritmo real o imaginario, o perderse en ensoñaciones. Por eso es tan dura la militancia política, porque el primer deber de un militante es pensar por sí mismo.

Por eso, muchas veces nos dejamos llevar por lo que dicen otras personas, por lo que dice la tele, o los medios, o el cura, o el presentador del programa de deportes o cotilleos, o el Facebook. O el bufón de la corte. Nos tragamos ya no enormes mentiras (que también), si no también planteamientos falaces que no resistirían una reflexión. ¿Y por qué? Bueno, es la falacia ad consequentiam, es decir: “eso no puede ser así, porque eso significaría que soy imbécil.” La vemos constantemente, forma parte de nuestras vidas, como la falacia ad hominem (que viene a decir algo así como “me da igual que tengas razón; hueles a vino”).

Sólo así se puede explicar sonadas frases como aquella del “periodista”Álvaro Ojeda de “a mí no me roba un comunista, a mí que me robe la derecha”. Sólo así se puede explicar que el PSOE no se haya descalabrado, que tanta gente vote al PP, que Naranjito no pare de subir. Demagogia. Falacias, una tras otra, hasta meternos en un mundo ilusorio en el que los mismos pilares que lo sustentan son mentiras. Vivimos en una fantasía delirante en la que la falsedad es la norma. Nos tragamos las mentiras de los nuestros, y denostamos las verdades del oponente.

Y a quien se atreva a decir la verdad, a pinchar con sus palabras esta confortable burbuja de mentiras, a quien nos quiera obligar a reflexionar y pensar, lo denostamos, lo convertimos en un paria. Nadie quiere escuchar la verdad, y menos si es sobre su gente.

Pues no, no se trata de eso. Vinimos a hacer las cosas de otro modo. Aún recuerdo aquel cartel en el 15M: “Nos mean, y la tele dice que llueve”. Nos rebelamos contra aquella dictadura de la mentira, diciendo que NO NOS REPRESENTAN, que LO LLAMAN DEMOCRACIA Y NO LO ES. Denunciábamos la mentira imperante del régimen, denunciábamos a quienes vivían en la opulencia mientras privatizaban todo lo público.

¿Y dónde estamos a la vuelta de siete años? Pues aún no lo tengo muy claro. Hace siete años no me imaginaba en un partido político con representación parlamentaria, pero desde luego que no me imaginaba que ese partido “de los de abajo”, “del 99%”, que iba a ser el azote del régimen del 78, iba a estar inmerso en una consulta para avalar que el secretario general y la portavoz parlamentaria deban seguir en sus cargos tras comprarse una mansión con casa de invitados, piscina y 2000 metros cuadrados de terreno. Igual es que me perdí aquella asamblea del 15M en la que se hablaba de chalets. O quizá fue en alguna asamblea de círculo.

El caso es que, pese a que no se ha podido esgrimir un solo argumento coherente para defender el SI en la consulta (sentimentalismos, o mezclar churras con merinas hablando de niños o de intimidad, o de legítimamente ganado; el tema no va de eso), el líder se ha impuesto a sus críticos con un 68% de los votos. ¿Qué fue de aquello de pensar por uno mismo? He escuchado argumentos delirantes, como “si votas que NO estás en el bando de Inda y la máquina del fango” (Pues en el otro lado estaban Ansón y Marhuenda...), o como que hay que apoyarles frente al enemigo, cueste lo que cueste (“¿Pablo, sé fuerte?”). Argumentos híper-cuñados que esperaba no escuchar jamás en una organización de izquierdas y plural que se dice heredera del 15M.

Y lo peor de todo: el bufón de la corte. Con más vocación de tertuliano del corazón que de político, este personaje chillón y follonero incumple la labor bufonesca de reírse del líder, y actúa cual mastín feroz con cascabeles, protegiendo a su amo. No le importa hacer el ridículo en uno y mil platós de televisión, hablando de ecografías cuando le preguntan por la coherencia. ¿Que le preguntan si le parece coherente? “Pues mire usted, lo que no me parece coherente es lo de esta otra cosa”. ¡Pero responde, no te vayas por peteneras! Menos mal que no tienes sentido del ridículo, porque si no, lo pasarías muy mal.

Y tenemos un chalet de 600.000€ avalado por dos tercios de la militancia, una dirección cada vez más alejada de la gente a la que dicen representar, una militancia hooligan que es incapaz de cuestionar a sus líderes, hagan lo que hagan, y una organización en la que el debate es inexistente y la opinión contraria al líder es tabú.

Para rematar, los Morancos han hecho otro de sus vídeos musicales, sólo que esta vez no se burlan del PP o de Urdangarín: hacen mofa del líder y su “casoplón”. Pero a mucha gente de Podemos este vídeo ya no les hace gracia como los anteriores. Lo llaman “humor rancio y casposo”, y recuerdan que uno de los Morancos mató a un felino a tiros de escopeta. Otra vez ejemplos de falacia ad hominem (“son cutres y casposos, da igual que lo que digan sea verdad”) y ad consequentiam (“lo que dicen tiene que estar mal, porque si no, significa que he estado apoyando a hipócritas”). Mentiras, malditas mentiras, falacias justificando lo injustificable, gente que no piensa, sólo sigue al líder. ¿Partido o secta?

Y el bufón de la corte amenazando con la escopeta de las purgas...

lunes, 16 de abril de 2018

PODEMOS Y LAS ANCHOAS DEL 78



Aún me viene a la memoria aquel mes de mayo de 2014, hace menos de cuatro años, pero tan lejano en el recuerdo. Tras meses de debates con un montón de gente nueva en el círculo de Torrelavega y una intensa campaña, en la que contamos con la presencia de Miguel Urbán en el tercer aniversario del 15M, aquel domingo terminó con un grito unánime: “¡Sí se puede!”: Podemos entraba a las instituciones, al parlamento europeo. Las redes se llenaron de recordatorios de las respuestas del régimen del 78 al 15M: “Presentaos a las elecciones”.

¡Qué distintas eran las cosas entonces! Podemos ni siquiera era un partido político en su forma orgánica: era una agrupación de electores, que reunió firmas en todo el estado para poder presentarse, que elaboró su programa de forma colaborativa entre las miles de personas de los centenares de círculos repartidos por toda la geografía del país, que decidió tomar la antorcha del 15M, de la indignación ciudadana, con la intención de convertirla en cambio político. Aquel manifiesto político llamado “Mover ficha” llevaba las demandas de las calles y las plazas a las instituciones. “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, gritaron las plazas, y movimos ficha en esa dirección.

Han pasado casi cuatro años desde aquellas elecciones europeas, desde que quisimos mover ficha y movimos todo el tablero. Aquel programa radical y rupturista ilusionó a muchísima gente, y los círculos crecieron, con gente nueva, que estaba harta de la corrupción, la austeridad, el paro y los desahucios; parecía que los círculos iban a replicar el éxito de las asambleas en las plazas. Parecía posible poner la economía al servicio de las personas.

Pero todo este proceso, en Cantabria, ha sido bastante tortuoso. La animadversión y beligerancia de la primera dirección de Podemos Cantabria contra las candidaturas municipales surgidas de los círculos para las elecciones municipales provocó heridas que aún no han sanado del todo. Mucha gente valiente que dio un paso al frente por su ciudad o su pueblo tuvo que bregar no sólo contra los partidos del régimen del 78: también contra esa ausencia de reconocimiento y apoyo por parte de lo que iba a ser el instrumento del cambio. No sólo eso: las luchas internas fraccionales han dañado el proyecto, y mucha gente muy válida decidió abandonar el barco, desilusionada. El culmen del despropósito vino con “Arronti”, una asamblea ciudadana con una escasa participación en la que se votaron y aprobaron varias propuestas contradictorias, una asamblea que de inicio se hallaba limitada por el documento político de la anterior dirección, una asamblea, en definitiva, carente de legitimidad y que desencantó a mucha gente.

Por otro lado, cometimos varios errores a nivel autonómico. Permitimos el gobierno del PRC-PSOE como mal menor frente al PP, creyendo las zalameras palabras del mayor vendedor de humos que ha dado Cantabria. Desde Podemos propusimos tres medidas, a las que condicionamos nuestra abstención en la investidura: Revilla cumplió sólo una de ellas (retirar a Marcano y Agudo), y dejó las otras dos (plan de rescate ciudadano y declaración de estado de emergencia habitacional para acabar con los desahucios) en el aire.

Han pasado casi tres años, y ha quedado acreditado que Revilla no cumple las promesas que hace. Ya no sólo a Podemos: en su discurso de investidura, el señor de las anchoas prometió que la educación, la sanidad y la dependencia serían prioritarias durante esta legislatura. Otro engaño más. La legislatura se termina poco a poco, y las promesas han quedado en palabras vacías. El paro y la precariedad afligen Cantabria, despojada del sector primario y de su tejido industrial, y abocada a depender del sector turístico, que genera empleo estacional y de baja calidad. La deuda pública de la comunidad excede los tres mil millones de euros, y aún así el equipo de gobierno PRC-PSOE quiere embarcarse en mega-obras, como el puerto de San Vicente (con el antecedente que tenemos del puerto de Laredo, tan al estilo de Fabra y su aeropuerto sin aviones). Los desahucios continúan, sin que el PRC-PSOE haya hecho nada por las familias cántabras a las que los bancos expulsan de sus hogares.

Al final, ¿qué distingue al PRC de los otros partidos del régimen del 78? Cuando se trata de aplicar medidas concretas, de elegir si ponerse de parte de la gente o de las corporaciones, siempre eligen lo mismo. Luego, toneladas y toneladas de demagogia barata en televisión. Y anchoas, montones de anchoas. Anchoas del 78.

Parece que a una parte de Podemos le cuesta despegarse de Revilla; parece que su popularidad (ganada con demagogia en los platós televisivos, no con medidas a favor de la ciudadanía en el parlamento) ciega y deslumbra a alguna gente, hasta el punto de no ver sus políticas neoliberales. Creo que eso tiene que terminar; la experiencia nos dice que Revilla y su PRC son tan poco de fiar como los otros partidos del régimen del 78. Tenemos que dejar de escuchar sus cantos de sirena, y romper el embrujo del encantador de serpientes.

Podemos debe ser audaz y valiente, como en sus inicios. Debe decir las verdades, y no tener miedo a decirlas. Debemos auditar esa deuda pública que sobrepasa los 3000 millones, y debemos dar una solución a las cántabras y los cántabros que sufren el paro, la precariedad y la indiferencia de las instituciones. Debemos romper el candado del régimen del 78 y que la gente decida la Cantabria que quiere. Nadie dijo que asaltar los cielos fuese fácil, pero es nuestra responsabilidad intentarlo:; volvamos a mover ficha.

sábado, 24 de febrero de 2018

AVISO PARA NAVEGANTES



En los últimos días hemos vivido una vorágine de noticias relacionadas con la música, que es una de las artes que más nos gusta en esta vieja y vetusta Iberia. En particular, parece que el rap está de moda, hasta el punto de que fiscales y jueces, con sus togas con adornos de ganchillo, se dedican a escuchar a los raperos de más rabiosa actualidad. Tan de moda se han puesto estos raperos que hasta se escuchan en la Casa real. Concretamente, los fiscales han mostrado mucho interés por raperos como Pablo Hásel, Valtonyc o La Insurgencia, hasta el punto de que los han intentado laurear (con mayor o menor éxito) con el premio “Barrotes y sombra una temporada”.

Al mismo tiempo, y al parecer conservada en formol desde los años noventa, ha resurgido (probablemente siguiendo la estela de su coetánea, Leticia Sabater) la cantante vintage Marta Sánchez, con un himno de España muy al estilo “Norteamericano de la Superbowl”, con una letra un tanto controvertida: que si orgullo, que si Dios, que si no pide perdón... Este nuevo himno de Marta Sánchez nos trae reminiscencias de tiempos pretéritos en los que un señor bajito con voz de pito gobernaba y fusilaba a los españoles y españolas.

Sin embargo, a esta señora a la que el corazón le brilla de colores rojo y gualda mientras paga sus impuestos en Miami, la fiscalía no ha tenido a bien concederla ningún premio de “Barrotes y sombra”. Será que entre los jueces y fiscales se lleva la música más moderna, como el rap, y las canciones con olor a naftalina como el himno de Marta no les interesa mucho.

Pero la música no es la única de las artes que interesan a nuestros jueces y fiscales: acabamos de saber que el libro “Fariña”, que trata sobre el narcotráfico en Galicia y que establece vínculos entre esta actividad ilícita y algunos cargos políticos de determinado partido conocido por su popularidad, le ha gustado tanto a una jueza que ha ordenado incautar todos los ejemplares. Nótese que, aunque el libro es moderno, la práctica de secuestrar publicaciones por orden judicial tiene mucho arraigo y tradición en este país. Y si no, que se lo pregunten a la gente de El Jueves.

Varias artes, mayores y menores, han recibido la atención de jueces y fiscales: ya sabemos que hace algún tiempo mostraron mucho interés por ciertos espectáculos de títeres, hasta el punto de retener durante varios días a los dos muchachos autores del espectáculo, suponemos que para que les explicase las complejas sub-tramas de la obra de marionetas. La fotografía también es del gusto de nuestros entogados: valga como ejemplo el joven al que “recetaron” cuatrocientos ochenta euros por un montaje fotográfico con su cara sobre la de un profeta que (quizá o quizá no) existió hace dos mil años. Incluso el humor ha captado la atención de esos señores con toga tan serios, y se han fijado en el jocoso arte de humoristas y dibujantes satíricos, e incluso tuiteros y tuiteras, como no podía ser de otra manera en la tierra del Quijote, donde el humor y la parodia se han tenido siempre en alta estima.

Parece que jueces y fiscales están muy interesados en el mundo de las artes y el entretenimiento, y en general en las diversas formas de expresión de los artistas, del pueblo. Parece como si existiese una connivencia macabra entre las ideas políticas conservadoras y reaccionarias heredadas del franquismo y las actuaciones de jueces y fiscales. Parece como si la separación de poderes, axioma sagrado de la democracia, no existiese en nuestro país.

Y parece, sobre todo, que son avisos para navegantes. Que esos son los límites, y no pueden ser traspasados. Que hay cosas de las que no es lícito hacer bromas, porque te puedes llevar el premio “Barrotes y sombra una temporada”. Que no se puede hacer mofa, befa y escarnio de los sagrados símbolos de la patria, que no está permitido burlarse de las costumbres religiosas medievales, que no pueden hacerse chistes sobre el señor que llegó a jefe de estado por apellidarse Borbón (o Puigmoltó, como parece sugerir su confuso y enrevesado árbol genealógico), que ya ni siquiera se pueden hacer bromas sobre el primer astronauta español que llegó a las partes superiores de la atmósfera en 1973.

Son tiempos duros para el humor. Son tiempos duros para la libertad de expresión. Y son tiempos muy duros para la democracia. Así que ya sabéis: mientras no cambiemos la situación, o himno de Marta Sánchez, o barrotes y sombra.

lunes, 29 de enero de 2018

LOS ÁRBOLES NO NOS DEJAN VER EL BOSQUE



Sucede en ocasiones que los árboles no nos dejan ver el bosque: esta expresión se torna muy apropiada para la situación del parque Manuel Barquín, para todos los parques de Torrelavega, e incluso para el propio municipio en su conjunto. Y si a eso le sumamos la desmemoria de algunas personas, tenemos de nuevo un problema montado.

Como ya todo el mundo sabe, la semana anterior fueron talados varios árboles del parque Manuel Barquín, para colocar una cubierta de metacrilato sobre la zona del parque en la que había columpios: una cubierta que nos va a salir por más de 400.000€. ¿Y de quién ha sido esta ocurrencia?

Hay varios parques infantiles en Torrelavega, de los cuales el Manuel Barquín es el más céntrico y el que mejores dotaciones tiene (tenía, porque con la obra las han retirado,esperemos que temporalmente). Sí, el parque estaba muy bien, con varios columpios diferentes, con sus bancos alrededor de la zona de juegos, con su fuente y con sus árboles que proveían de sombra y oxígeno, todo ello dentro de lo que es el complejo del parque. Como vecino del Paseo del Niño, comparar lo que era el parque Manuel Barquín con el “parque” de mi barrio (parque por llamarlo de alguna manera, más bien “cutrada” con columpios) me hace pensar en desigualdad, en gentrificación.

Gastarse casi medio millón de euros en el cubrimiento (que no “cubrición”, señores del PRC: según la RAE, “cubrición” es la acción y efecto de cubrir, fecundar a la hembra) del parque más céntrico y mejor dotado de Torrelavega con el argumento de “es para que los niños y las niñas no se mojen cuando llueve” evidencia que al equipo de gobierno no le importa que se mojen los niños y niñas del extrarradio: de Barreda, de Viérnoles, del Paseo del Niño, de Ganzo... Sólo es problemático si se mojan los del centro. Esta argumentación clasista que se ha presentado para cubrir el parque Manuel Barquín no ha sido producto de la derecha retrógrada.

Pese a que ahora callen, la idea de cubrir el parque fue de la agrupación ACPT: fue uno de los puntos del acuerdo de investidura del PRC-PSOE hace ya más de dos años, como parte de su campaña “ocio sin consumo”. Sin consumo, claro: parece que los más de 400.000€ que va a pagar la ciudadanía torrelaveguense es una bagatela. No es la primera vez que pasa algo parecido: ¡Pero si lo aprobasteis vosotros, pandilla de hipócritas!

Casi medio millón de euros en cubrir el parque más céntrico y mejor dotado de Torrelavega; más de un millón de euros en una pasarela que lleva a “ninguna parte” en mitad del patatal de la SNIACE; trescientos mil euros en la reforma del centro cívico de Sierrapando (¡En una reforma! ¡Con ese dinero se pueden comprar varios chalets!) un aparcamiento subterráneo en el Zapatón de más de un millón de euros (por si no se quejasen lo suficiente los vecinos del Zapatón de ser el aparcamiento de la ciudad)... Parece que el equipo de gobierno PRC-PSOE, con sus presupuestos aprobados por el PP y ACPT, no piensan más que en mega-obras, mientras las infraestructuras más necesarias para la ciudadanía languidecen por falta de inversión (por ejemplo, la presa que abastece de agua a Torrelavega, que necesita dragarse; la carencia de aceras en el acceso a Viérnoles; o las necesidades materiales que tiene el cuerpo de bomberos, que necesita renovar buena parte de su equipo). El ejemplo de los parques es flagrante: los parques del extrarradio, medio abandonados, y el parque más céntrico y mejor dotado, una cubierta de casi medio millón de euros.

¿Realmente esas mega-obras son lo que quiere la ciudadanía? Pese al mantra repetido por el alcalde acerca de la mayoría en las votaciones de los plenos, consecuencia directa de la democracia representativa, existe un mecanismo para asegurarse de que los proyectos de esta envergadura sean debatidos y se alcance un consenso sobre su utilidad o pertinencia: se trata del reglamento Orgánico de Participación Ciudadana. El Alcalde puede convocar, a iniciativa propia o a petición de los vecinos y las vecinas, audiencias públicas monográficas en las que el equipo de gobierno explica sus proyectos y recoge las propuestas de los vecinos. Si tuviesen voluntad política de escuchar a la ciudadanía, el equipo de gobierno convocaría estas audiencias. Pero por lo visto prefieren arreglar este tipo de proyectos en sus despachos, arreglando los votos que necesitan en el pleno para llevarlos adelante con grupos políticos que, en realidad, son afines.

Quienes han estado elaborando las políticas que ahora se llevan a cabo (PRC-PSOE-ACPT, con la connivencia ocasional del PP) han preferido que millones de euros acaben en manos de la banca antes que abrirse a proyectos presentados por los partidos de la oposición o la ciudadanía.

Ahora, ante la tala de los árboles del parque, los vecinos y vecinas se han organizado y han salido a la calle a protestar. Incluso se han presentado en la concentración políticos de partidos que votaron el proyecto a favor, o incluso del partido del que salió el proyecto. Ya sabíamos acerca de la jeta de cemento del partido de la Gurtel, pero la hipocresía de los otros también debe quedar al descubierto.


martes, 23 de enero de 2018

¿PÚBLICO O PRIVADO?




Parece que el equipo de gobierno municipal PRC-PSOE va a re-municipalizar el servicio de recogida de basuras, después de que en 2001 fuese privatizado. Dieciséis años lleva la empresa privada gestionando las basuras del municipio, dieciséis años cobrando dinero público por realizar ese servicio básico y esencial para la civilización que es recoger los desperdicios que genera la vida humana.

Las razones aducidas son, fundamentalmente, económicas y de calidad. Vamos, que va a salir más barato y se va a prestar un mejor servicio a la ciudadanía. ¡Qué curioso! Esto quiere decir que en manos de una empresa pública el servicio sale más caro y es menos eficiente: eso es lo que nos están diciendo, ¿verdad?

Por supuesto que nos están diciendo eso, aunque no pueden decirlo directamente. Todo el mundo sabe que la función principal de una empresa es ganar dinero: aunque pueda parecer que una empresa se dedica a producir coches, bombillas o galletas tostadas, en realidad todas las empresas se dedican a lo mismo: hacer dinero. Los productos o servicios que ofrece no son su finalidad: son el medio por el que consiguen su finalidad: hacer dinero. Una panadería se dedica a hacer dinero, y el pan es sólo el medio por el cual consigue obtener beneficios. El clásico “esto no es una ONG” que todo el mundo ha escuchado alguna vez. Hasta aquí está claro, ¿no?

Sin embargo, cuando se trata de una empresa pública, las cosas cambian. El objetivo final de una empresa pública no es ganar dinero, no es obtener beneficios económicos. Una empresa pública tiene como finalidad otorgar un servicio a la ciudadanía. A nadie le puede entrar en la cabeza que la finalidad del oficio de una jueza, un bombero, una profesora o un bedel municipal sean obtener un beneficio económico. Por supuesto que producen un beneficio, pero es social, no económico. No es rentable económicamente,por ejemplo, cuidar a nuestros mayores o encarcelar a un asesino: se hace por su beneficio social, aunque nos cueste dinero. Eso se llama “estado del bienestar”; también “derechos sociales”, y fueron conquistados por nuestros antepasados, los hombres y mujeres que lucharon por una vida mejor para su descendencia.

Ya sabemos que los medios de comunicación mienten, que son pesebreros del poder político y que son capaces de vendernos mentiras tan flagrantes como “no hemos rescatado a la banca” (pues para no haberla rescatado, nos ha costado 60.000 millones) o “ya hemos salido dela crisis” (si, ya...). Tantos embustes y de tal calibre que incluso nos quisieron hacer creer que darles la gestión de los servicios públicos a la empresa privada era una buena idea, y que además iba a salir más barato y a dar una mejor calidad del servicio. Y con tanta insistencia se repitió el mantra que hasta las supuestas izquierdas (aquel partido que montó lo del GAL) lo asumieron como real.

Imaginemos un servicio básico esencial, como por ejemplo la limpieza de las instalaciones municipales, en una ciudad imaginaria llamada, por ejemplo, Tovelarrega (que no Tabarnia,ojo). Imaginemos a todas esas personas que trabajan para que las instalaciones municipales de esta ciudad ficticia estén limpias y puedan utilizarse por la ciudadanía. Imaginemos que los gobernantes de esa ciudad de Tovelarrega deciden, repentinamente, que una empresa privada va a realizar el servicio de forma más barata y eficaz que los empleados municipales: externalizan el servicio.

Finalmente, en esa ciudad imaginaria, una empresa (pongamos que se trata de una gran empresa, propiedad de un empresario multi-millonario llamado Florencio Pérez, conocido por ser también presidente del club de fútbol Real Mandril...) decide asumir esa externalización: el amigo Florencio dice que su empresa puede limpiar las instalaciones municipales por menos dinero de lo que gastaba en ello el ayuntamiento. ¡Y aún así ganar dinero! Florencio es muy listo, va a lograr lo que la administración pública no ha logrado: va a prestar el mismo servicio por menos dinero. ¿Y cómo lo podrá hacer nuestro astuto amigo?

Por supuesto, este empresario ficticio, Florencio Pérez, no puede hacer magia: lo que hace son recortes. Recortes en derechos laborales y salarios de las trabajadoras y trabajadores, recortes en los materiales de trabajo (como los productos de limpieza), recortes con la connivencia de la caterva de bandidos de la corporación de esa ciudad imaginaria. Todo el dinero que se ahorra, Florencio se lo mete al bolsillo (quizá para fichar a Meynar el futbolista para el Real Mandril, quién sabe).

Esto sucede sistemáticamente en muchos lugares. Hay muchos “Florencios”, castigados por el estallido de la burbuja inmobiliaria, que han metido sus zarpas en el ente público. Servicios como la limpieza de las instalaciones municipales, la recogida de basuras o incluso el mismo agua que sale de nuestros grifos se han convertido en nichos de negocio para todos los Florencios. Y estos Florencios siempre obtienen beneficios a base de recortar sueldos, derechos y calidad del servicio.

Un servicio de calidad es incompatible con la privatización (por mucho que los voceros de la derecha neoliberal repitan una y otra vez lo contrario). Una empresa privada nunca tendrá como objetivo primario ofrecer un servicio de calidad: busca obtener beneficios, y hará lo que sea necesario para conseguirlo, incluso acabar con lo poco que queda de nuestro estado del bienestar. Está en la propia etimología de la palabra: “privado”, de privar. De privar a determinada gente (los pobres, claro) de ciertas cosas. Y seguirán haciéndolo si se lo permitimos.


martes, 5 de diciembre de 2017

¡TORRELAVEGA, DESPIERTA!




El domingo despertamos en Torrelavega con la noticia de que una “intervención policial rutinaria” en un conocido bar se había saldado con la identificación de hasta sesenta y tres menores de edad. El concejal de seguridad ciudadana, Pedro P. Noriega, se ha mostrado muy sorprendido por el hecho de que tantos menores se encontrasen un sábado a esas horas en un bar. ¿Sorprendido, Pedro? ¿De verdad?

Cualquiera que recorra de vez en cuando las calles de Torrelavega, cualquiera que le tenga tomado el “pulso” a la ciudad, es consciente de que, aunque es algo terrible que menores de edad se inicien en la cultura del alcohol, realmente apenas les quedan opciones. Salir, beber, el rollo de siempre, que decían los Extremoduro, o dedicar las horas de ocio al entretenimiento digital en soledad, aislados del resto de la sociedad por una muralla de wifi y datos. ¿Que la chavalada bebe? ¿Y qué va a hacer, si en esta ciudad apenas tienen otras opciones de ocio y cultura?

Por muchas proclamas huecas que puedan realizar los más cínicos y caraduras del equipo de gobierno, la vida cultural en Torrelavega agoniza. Un paseo por las calles de la ciudad por la tarde o la noche muestra esta evidencia con una claridad meridiana.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué ha llevado a Torrelavega a convertirse en un páramo, en un erial cultural? Desde luego que esto no ha sido siempre así. Torrelavega ha sido referencia dentro de Cantabria como vanguardia cultural en los años 80 y 90, eclipsando a Santander gracias al talento, la creatividad y el ingenio de las gentes de esta ciudad. Música, pintura, teatro, audiovisuales...

Por supuesto que las condiciones económicas de Torrelavega, tan afectada por la desindustrialización orquestada desde Bruselas y la posterior crisis económica (que ya va a hacer su décimo año) han tenido buena parte de la culpa. Ha robado a la ciudad su futuro, pues la gente joven tiene que migrar en busca de trabajo: aquí prácticamente no hay empleo, y nuestros jóvenes más preparados marchan hacia Barcelona, Bilbao o Madrid, o hacia Londres o Berlín, en busca del futuro que aquí les niegan.

Entramos en un círculo vicioso: no hay trabajo, por lo que la juventud se tiene que ir. Las iniciativas innovadoras de ocio y cultura se van a otros lugares por la completa falta de apoyo de las instituciones, y lo poco que llega a florecer en este erial en el que se ha convertido Torrelavega nos es arrebatado por la capital. Esto provoca frustración en la gente que tiene ideas e iniciativas, por la falta de apoyo, por lo que cada vez la gente se esfuerza menos, consciente de que el fruto de su trabajo no será ya no recompensado, si no siquiera apreciado.

Parece que las únicas actividades de ocio y cultura que reciben algo de apoyo por parte de los poderes públicos son las folclóricas y tradicionales: está bien apoyar las manifestaciones culturales populares de tiempos pasados, pero debería abrirse más el abanico de opciones, y recordar aquella Torrelavega creativa e innovadora que tuvo una revolución cultural en los 80 y los 90: aquella fuerza creadora no está agotada: sólo dormita, a la espera de recibir algo de apoyo.

Con el dineral que ha costado el fiasco del año jubilar se podían haber impulsado actividades de ocio y cultura, no sólo en Torrelavega, si no en toda Cantabria. Pongamos como ejemplo el concierto de Scorpions este verano en el Malecón: 40.000€ pagados por el ayuntamiento, y luego las entradas a 40€: es decir, pagamos dos veces. Si se paga entrada... ¿Para qué eran los 40.000€? ¿Y todas las iniciativas que se podían haber apoyado con ese dinero?

El equipo de gobierno parece que tiene, en este aspecto, la misma actitud que con el dragado de la presa: “ánimo de ir tirando”, en palabras del alcalde: cumplir los mínimos que pide la ley, y externalizar y privatizar todo. Por ejemplo, el local del Consejo de la Juventud, que en el pasado dio cobijo a numerosas asociaciones culturales y colectivos de jóvenes que lo gestionaban de forma auto-organizada, lleva cerrado varios años, y la intención del equipo de gobierno es externalizarlo.

¿Qué hace el equipo de gobierno para dinamizar la ciudad? Pues gastarse 80.000€ en una “bola de luces” para la Plaza Roja durante estas navidades, con una siniestra similitud con la Estrella de la Muerte de Star Wars. Mientras tanto, en Torrelavega seguimos sin cine, seguimos sin local de la juventud, seguimos sin sala de conciertos.

Tanto se habla del PSIR de “las Excavadas” (para un nuevo polígono industrial, aunque los que ya tenemos no estén aún llenos), que tanto rechazo ha encontrado entre las gentes de esta ciudad, pero realmente a Torrelavega le vendría muy bien un PSIR cultural para dotarnos de infraestructuras necesarias para revitalizar culturalmente la ciudad: no podemos depender del teatro Concha Espina, que cuesta 1000€ cada día que se abre.

Torrelavega agoniza, y para salvarla es necesario un cambio de mentalidad: las instituciones públicas deben apoyar y fomentar las creaciones locales, las ideas e iniciativas de los y las torrelaveguenses. No podemos dejar que nuestra ciudad siga sumida en un sopor mortal, recordando antiguas glorias mientras evita mirar el sombrío futuro: ¡Torrelavega, despierta!

jueves, 21 de septiembre de 2017

¡Ni un paso atrás!






Ayer acudimos a la concentración en apoyo al pueblo catalán, en estos momentos de tensión en que la misma soberanía popular y los derechos civiles están siendo atacados duramente por el gobierno del PP. Vivir en democracia es vivir sin miedo, y contribuimos con nuestro pequeño granito de arena de solidaridad (la ternura de los pueblos, que decía la poetisa Gioconda Belli) frente al atropello a las libertades democráticas y a los mismos derechos humanos que está sufriendo el pueblo catalán.

Hoy por la mañana hemos comprobado que toda acción tiene una reacción, y la reacción (en ambos sentidos) llegó con nocturnidad y alevosía a la Moraduca, la sede de Podemos Santander, cargada de esprays y odio. “Enemigos de España”, claman las pintadas en las paredes de nuestra sede.

¿Enemigos de España? No, no somos enemigos de España. Los enemigos de España se sientan en el Ibex 35, en Génova 13: aquellos que han saqueado y expoliado al pueblo trabajador y valiente que aún lucha por salir de la pesadilla de cuarenta años de franquismo y cuarenta más de propina con el régimen del 78 que nos dejó como legado la sublevación fascista del 36 y la guerra civil (además de trescientos mil desaparecidos, muchos de ellos a día de hoy aún en las cunetas).

Quieren amedrentarnos, quieren sumirnos en el miedo para que claudiquemos. No lo van a conseguir. Cada ataque sólo nos hará más fuertes. Responderemos con la palabra y la razón, nunca con la violencia o el miedo. Venceremos porque soñamos con un país más justo, que no deje a nadie atrás. Venceremos, porque nuestra causa es la más justa. No vamos a tener miedo. ¡Seguimos! ¡Sí se puede!

miércoles, 19 de julio de 2017

DE MACRI A VIADERO: PRIVATIZANDO LAS PLAZAS




En los últimos días las redes sociales han ardido a raíz de los carteles colocados en la Plaza Roja (Plaza Baldomero Iglesias, pero la gente del pueblo es tozuda cuando decide poner nombre a un lugar) en los que se prohíbe a los niños y niñas jugar a la pelota, y se amenaza con sanciones. Es normal que las redes ardan por una decisión absurda de políticos completamente alejados de la realidad cotidiana de la gente, y que sin embargo obedecen a unos intereses muy claros.

En realidad, este cartel (y las sanciones aparejadas) sólo son un paso más en la privatización total del espacio público. No nos llevemos a engaño: no se trata de que el tripartito de gobierno no sepa lo que está haciendo. Tienen muy claro los intereses que están defendiendo, y las sucesivas ordenanzas de uso de espacios públicos y terrazas vienen a confirmar esto: el espacio público ya no es para la gente, es para las terrazas. La creciente invasión del espacio público por parte de las terrazas de bares y cafeterías es algo que toda la ciudadanía de Torrelavega puede ver con sólo dar un paseo por la ciudad. Incluso la nueva ordenanza de terrazas permite a los hosteleros y hosteleras ocupar incluso plazas de aparcamiento, tan escasas y difíciles de encontrar.

Esta tendencia creciente de arrebatar al pueblo todo lo público, todo lo que hemos construido entre todas y todos, no es algo exclusivo de Torrelavega: es algo general. Cuando el actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, fue Jefe de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires (cargo equivalente al del alcalde), y llevó esa política neoliberal de privatizar el espacio público a extremos aberrantes, arrebatando plazas públicas a la gente de Buenos Aires y vallándolas para entregárselas a la empresa privada (al margen el hecho de que el vallado costó casi un millón de dólares, y eso sí que lo pagaron los bonaerenses).

El tripartito de gobierno de Torrelavega aún no se ha atrevido a ir tan lejos como Macri, pero están dando los primeros pasos. Pero son tan cutres que la ciudadanía les ha pillado. La Plaza Roja es de la gente de Torrelavega, que por supuesto puede tomarse tranquilamente una cerveza en una terraza, pero los niños tienen derecho a jugar. El bienestar de un cliente nunca se puede anteponer al derecho a jugar de los niños.

Recuerdo en mi infancia, antes de la implantación masiva de videoconsolas y ordenadores, que los niños del barrio salíamos a jugar a la plaza, a la calle. La gente entendía que éramos niños, que estábamos jugando, y que era normal y estaba bien. Si hoy día cuesta despegar a las niñas y los niños de las pantallas para que salgan a la calle a jugar, no es lícito impedirles, precisamente, que jueguen. Los niños y las niñas se relacionan socialmente en las plazas; por medio del juego conocen a otros niños y niñas, desarrollan su empatía y sus habilidades sociales, y aprenden a vivir en sociedad. Claro, si la sociedad en la que queremos que aprendan a vivir los niños es una sociedad en la que todo el espacio público está privatizado y en el que la prohibición y las sanciones sean la norma, entonces la decisión del tripartito es acertada. Pero yo no comparto esa idea de sociedad orwelliana, y por lo que parece, la mayoría de la ciudadanía torrelaveguense tampoco.

martes, 27 de junio de 2017

UNIDAD Y HUMILDAD




Sin lugar a dudas, la política es enfrentamiento. Es confrontación de ideas y acalorados debates, es poner en común diferentes posturas y tratar de llegar a un consenso o un acuerdo. Y nadie dijo que fuese fácil.

Al leer la prensa de estos días una persona puede salir con la sensación de que Podemos se rompe (otra vez), de que los conflictos internos del partido morado han terminado de desgarrarlo y desangrarlo (otra vez). Pues para haberse roto y desangrado tantas veces, Podemos Cantabria sigue gozando de una salud envidiable.

No tenemos que juzgar a Podemos Cantabria desde el prisma habitual de los partidos del régimen del 78: no somos el PSOE, el PP ni el PRC. En Podemos prima la democracia interna, en Podemos se escucha a las bases y se sigue su voluntad expresada democráticamente. Las posturas se discuten y se debaten, y se toman decisiones. Lo importante no son las personas concretas, si no el proyecto del cambio.

Y ese proyecto abre un nuevo ciclo político a raíz de la asamblea ciudadana estatal de Vistalegre 2: un nuevo enfoque político en el que se imponen cambios en toda la estructura orgánica de Podemos. Hay mucha gente que ha trabajado en el proyecto, y sólo resta agradecer enormemente la cantidad de horas de trabajo invertidas en el cambio, y decir que ha sido un placer trabajar codo con codo con esa gente comprometida con una sociedad más justa.

Sin embargo, en Podemos estamos mucho más acostumbrados y acostumbradas a mirar el futuro, y no anclarnos en el pasado: miramos al futuro con optimismo e ilusión en una sociedad que cuide de todas las personas que la conforman, en la que no se deje a nadie atrás, en la que nadie sea tan pobre como para tener que venderse. Y con ese espíritu miramos hacia adelante, hacia ese amanecer que ya comienza a asomar por el horizonte después de la larga noche.

Que nadie se lleve a engaño: la salud de Podemos Cantabria es excelente. Queda mucha gente comprometida con el cambio, mucha gente que invierte su tiempo y su esfuerzo en defender los derechos de la mayoría social damnificada por el paro, la austeridad, la precariedad y los recortes.

Unidad y humildad, fue la consigna de Vistalegre 2. Todas somos necesarias, nadie es imprescindible. Seguiremos, como hasta ahora, siempre en frente de la corrupción y de los recortes, y siempre junto a la gente y sus reivindicaciones. “La noche es oscura, y alberga horrores”, que decía Melissandre, la bruja roja de Juego de Tronos. Pero por oscura que sea la noche, siempre vuelve a amanecer. ¡Seguimos! ¡Sí se puede!

martes, 23 de mayo de 2017

TRECE PENSAMIENTOS PARA “ARRONTI”




Junio se acerca, y con él la llegada del verano y de la asamblea “Arronti” de Podemos Cantabria: la asamblea que definirá las líneas políticas estratégicas de Podemos Cantabria durante los próximos dos años. El proceso ya ha comenzado, y nos encontramos en la fase de debate y propuestas, que debe llevarse a cabo junto a la “sociedad civil” (lo que antes se llamaba “la gente” o “el pueblo”).

Unidos Podemos, la confluencia de Izquierda Unida, Podemos y otros partidos de izquierdas que se presentó el 26J a las elecciones y obtuvo 71 diputados en el Parlamento nos marcó el camino a seguir: una fuerza parlamentaria que, si bien es aún insuficiente para propiciar un verdadero cambio, ha asentado en las instituciones el deseo colectivo de un futuro nuevo.

Los cercanos procesos de Vistalegre 2 también marcaron el rumbo colectivo que una mayoría decidió: unidad y humildad, era la consigna. Unidad, porque es el único camino. Humildad, porque el proyecto de cambio y de futuro debe estar por encima de los personalismos. Permanecer unidas y centradas en lo que nos une, lo que queremos cambiar, es lo que nos hace avanzar.

Iniciar el debate público sobre el modelo que queremos para Cantabria no debe ser sólo un imperativo orgánico de un partido: todos los agentes sociales y colectivos deben participar, porque estamos hablando del futuro para Cantabria, la tierra donde viviremos. Necesitamos arrebatar el control de Cantabria a la “tramuca” (la trama en versión Cántabra) y devolvérselo a la gente que trabaja y vive aquí, la que sufre los recortes, el paro y la precariedad.

Obviamente debemos tener claro a quién representamos: no debemos, jamás, equivocarnos de bando. Venimos de la indignación, de un movimiento impugnatorio no sólo de la corrupción y los recortes, si no de todo el llamado “régimen del 78”. No debemos olvidar nuestro origen en aquellas plazas hace ya seis años, cuando miles de personas gritaban: “¡No nos representan!”. Debemos aspirar a representar a esa mayoría social, no olvidando jamás de dónde venimos.

Dicho esto, quiero hacer hincapié en el mismo concepto de democracia: democracia es decidir, es decidirlo todo. Por ello, disiento cuando se afirma que “Arronti” es una propuesta valiente, puesto que se tratará de una asamblea limitada que tendrá como “techo de cristal” los documentos de Contigo Cantabria, votados hace un año. Aunque en su momento sirvieron para el renacimiento de Podemos Cantabria, creo que una parte ha quedado obsoleta: no se puede hurtar el debate a la gente, y si vamos a debatir sobre la Cantabria que queremos no podemos tener límites en el debate.

Incluso la misma organización territorial de Cantabria debería ponerse en entredicho: somos una comunidad pequeña, de poco más de medio millón de habitantes, y nuestro territorio está dividido en 102 municipios, muchos de ellos subdivididos en pedanías. Retomar la ley de comarcalización del 99 y marcarse como objetivo cambiar administrativamente Cantabria de los 102 municipios actuales a las 10 comarcas históricas sería muy beneficioso, sobre todo para las zonas rurales, muchas veces infrafinanciadas por el centralismo santanderino.

Muchas veces nos referimos a la “mala gestión”, entrando en el lenguaje y las dinámicas del PP-PSOE: también debemos desterrar de nuestro vocabulario esa expresión. No son malos gestores, no es que hagan las cosas mal porque no saben: las hacen bien, muy bien. Pero muy bien para los suyos. Gobiernan para las grandes empresas y los bancos, y en contra de la ciudadanía. No tenemos que decir que seremos buenos gestores: tenemos que decir que gobernaremos para la gente, para las familias empobrecidas por la crisis, para quien no llega a fin de mes.

Igual que señalamos al PP y al PSOE como “la casta” o “la trama”, debemos perder el miedo a señalar también al PRC de Revilla. Su negativa a cumplir con el pacto de investidura (a cambio de la abstención de Podemos) demuestra que nunca tuvieron voluntad de cambio, ni de hacer políticas por y para la mayoría social de Cantabria. Muchas anchoas y quesadas, pero de renta básica para la gente que realmente lo necesita, nada.

Sabemos que la democracia interna es muy importante, y no hay duda de que en Podemos somos campeones en este aspecto, con numerosas consultas a los inscritos e inscritas. Sin embargo, siempre se puede mejorar en este aspecto, hasta llegar a una democracia orgánica plena: debe devolverse a los círculos el poder que tenían en los inicios de Podemos, que cada militante pueda proponer, debatir y decidir. Una asamblea ciudadana no debería ser algo puntual y excepcional: debería ser algo muy común en Podemos, debería ser la asamblea quien marque las líneas políticas a seguir.

Igualmente debemos plantear el modelo económico que queremos para Cantabria: aunque el paro ha descendido ligeramente, la precariedad, los contratos basura y el empleo estacional han crecido enormemente. El modelo basado en el turismo no trae más que precariedad y miseria para la mayoría. Es necesaria una reindustrialización urgente del corazón de Cantabria y ambiciosos planes de empleo que redunden en beneficio de la gente de Cantabria y no de las empresas, como hasta ahora.

Oscuros tiempos se avecinan si desde Podemos no somos capaces de ofrecer una alternativa al modelo neoliberal vigente. Ya sabemos que “Unidos, Podemos”, pero hay que lograr una unidad real de todos los sectores y colectivos que tengan voluntad de cambio. El camino a seguir debería ser una Marea Cántabra que agrupase y cohesionase todas las fuerzas de izquierdas y comprometidas con la ruptura con este modelo; una marea que ofrezca una alternativa real a este modelo, y no sólo reformas de corto alcance; una marea que suba, y que limpie toda la corrupción y la desigualdad de esta tierra nuestra.

No podemos desperdiciar esta oportunidad: “Arronti” debe abrirse completamente, y de ella debe surgir un mandato claro de conformar una Marea Cántabra, desde abajo, desde los municipios y las calles. Una marea que no olvide de dónde viene, y que sepa muy claro hacia dónde va: una marea que cambie Cantabria y ofrezca un futuro a toda la gente que vive aquí y a toda la gente que se tuvo que marchar. El futuro de Cantabria está en juego, y nos toca mover ficha.

viernes, 24 de febrero de 2017

EL BARCO SE HUNDE



Otro año más, y otros nuevos presupuestos para Torrelavega: el PP ha apoyado los presupuestos del PSOE-PRC, por lo que ya está “todo el pescado vendido”. Se repite lo sucedido el año anterior: la “Gran coalición” es ya un hecho en nuestro ayuntamiento, al igual que en el congreso de los diputados.

El paro y la precariedad azotan a la población torrelaveguense. Sin embargo, más del 90% de las inversiones del presupuesto de 2017 se destinarán a obras. El equipo de gobierno sigue ahondando en el modelo del ladrillo, sin darse cuenta (o sin querer darse cuenta) de que la burbuja inmobiliaria estalló hace ya casi una década. ¿Medidas contra el desempleo? Parece que esa no es la preocupación principal del equipo de gobierno municipal.

El portavoz del PP, el señor Calderón-Ciriza, ha anunciado que aprobarán los presupuestos del PSOE-PRC porque, en sus propias palabras, “el 61% de las inversiones previstas para este año llevan nuestra denominación de origen, porque son parte del programa electoral del PP”. Es bastante revelador que haya tantas coincidencias en los programas del PP, el PSOE y el PRC (y, de rebote, el de ACPT, que también aprobará los presupuestos); que sean tan similares sus formas de entender la sociedad; que es tan parecida su forma de hacer política. La Gran coalición que se ha gestado en los últimos tiempos en todos los niveles de la administración del estado ha sido posible por la similitud política del PP y del PSOE.

Un modelo presupuestario para 2017 con un 61% de “denominación de origen del PP” no es lo que Torrelavega necesita, y no los hemos apoyado. El alcalde quiere venderlos como unos presupuestos de consenso porque el PP y sus pseudo-socios de gobierno los han aprobado. Pero gastar el dinero público en obras y más obras no va a solucionar los problemas de paro y precariedad de Torrelavega: tan solo tendremos una ciudad muy bonita en cuya contemplación se podrán deleitar las miles de personas en paro de la ciudad.

En lugar de gastarse casi cinco millones de euros en obras diversas, proponemos destinar el montante de las obras más onerosas e innecesarias, como el cubrimiento (y no “cubrición”; señor Pérez Noriega, mire usted el diccionario) del parque Manuel Barquín o la pasarela peatonal; y destinarlo a un potente plan de empleo para hacer frente al principal problema de Torrelavega: el paro. También proponemos destinar una partida presupuestaria para la RPT, y que se cubran las más de cien vacantes en el personal del ayuntamiento. No son soluciones mágicas, pero contribuirían a paliar los efectos de la precariedad y el desempleo en el municipio.

Torrelavega pierde población a gran velocidad: tan sólo somos ya 52.000 torrelaveguenses, y con una media de edad bastante alta. La juventud busca hacer su vida en otros lugares, porque ven claramente que aquí no queda futuro para nadie: la mayoría de la gente que estudió conmigo vive fuera de Torrelavega, fuera de Cantabria. Hay cada vez menos niños y niñas, y más ancianas y ancianos. La que fue la “Ciudad del Dólar” va camino de convertirse en el “Páramo del Dracma”.

No queremos un equipo de gobierno municipal servil y sumiso que mendigue al gobierno de Cantabria unas limosnas porque se deben a su partido antes que a la ciudadanía. El barco que es Torrelavega está zozobrando en la tormenta, y tenemos unos timoneles torpes y cobardes. Es necesaria voluntad política para encarar los problemas de Torrelavega, y valor para enfrentarse a las administraciones superiores del estado reclamando inversión para la ciudad.

viernes, 10 de febrero de 2017

¡VAYA ESPECTÁCULO!




Esta misma mañana, un vecino me ha parado en el portal. “Vaya espectáculo estáis dando, con Iglesias y Errejón dándose de palos”. He tenido que poner una sonrisa de circunstancias y darle la razón.

Vistalegre dos, el congreso que decidirá el rumbo de Podemos durante el periodo que se abre, no está cumpliendo las expectativas que teníamos buena parte de la militancia. Lo que debiera ser un amplio debate centrado en analizar lo sucedido hasta el momento y en buscar colectivamente soluciones a la terrible situación de paro, precariedad, recortes y privatizaciones que la ciudadanía vive en sus carnes día a día se ha convertido en un enfrentamiento atroz y despiadado entre pablistas y errejonistas. Los medios de comunicación se han encargado de magnificar y enfangar este enfrentamiento, reduciéndolo a una lucha de caras y de egos.

La gente de Podemos en Movimiento (la tercera candidatura de este proceso de Vistalegre 2, encabezada por Teresa Rodríguez y el eurodiputado y cofundador de Podemos Miguel Urbán, que agrupa a gente de Anticapitalistas y de otros sectores) estamos viendo este enfrentamiento desde la primera línea, llamando constantemente a la paz y al sano y constructivo debate.

La “máquina de guerra electoral” que salió del primer Vistalegre se ha escacharrado, colapsada por sus propios errores de diseño. Esta “máquina” vertical y centralista contra la que ya advertimos en su momento la gente de Anticapitalistas ha demostrado ser “una verdadera máquina de triturar militantes, sueños y entusiasmos” (en palabras del compañero Josep Maria Antentas). Vaciar los círculos, crear una burocracia vertical, apostarlo todo en el terreno electoral y sacrificar muchos de los principios programáticos del manifiesto fundacional de Podemos (Mover ficha) nos ha hecho acercarnos mucho a los partidos tradicionales, a la tan denostada “vieja política” contra la que tanto clamaban muchos de los operarios de la máquina.

De nuevo, la gente de Podemos estamos inmersas en otro proceso interno. Pero en lugar de hablar claro de los problemas de la mayoría y plantear soluciones muchas veces se habla de la lucha de egos y de conceptos académicos que poco tienen que ver con la vida de la gente (por ejemplo, la maldita transversalidad).

¿Auditoría de la deuda? La deuda del estado español es mayor que su PIB. Necesitamos saber a quién se debe, y en qué condiciones se contrajeron esas deudas. La deuda ilegítima no se paga. Pero se habla del enfrentamiento entre pablistas y errejonistas, no de la deuda.

¿Banca pública? La banca fue rescatada con más de sesenta mil millones de dinero público; esa misma banca que se había enriquecido engañando a millones de personas al ofrecerles hipotecas que sabían que no podrían pagar, esa banca que echa a la gente de sus casas, y que a día de hoy sigue teniendo enormes beneficios. Pero no se habla de banca pública. En su lugar, se ponen panoplias de cartón de Pablo Iglesias.

¿Nacionalización de las eléctricas y derogación de la Ley 54/1997 del Sector Eléctrico? Hay 7000 muertes al año por pobreza energética, y el precio del Kilowatio/hora ronda los 100€. Pero se habla de duelo de egos, y no de las eléctricas.

¿La república? Ya está bien de mantener con grandes cantidades de dinero público a la Familia real, sucesores del terrible y sangriento dictador Franco. La corrupción salpica a los Borbones, desde la infanta Cristina al Rey Emérito. Pero no se habla de república, se habla del recrudecimiento de las hostilidades entre los de Errejón y los de Iglesias.

¿Derogación de las reformas laborales? El paro y la precariedad son los principales problemas a los que nos enfrentamos como sociedad: nos están robando el futuro. Sin embargo, se habla de que Íñigo dijo tal cosa de Pablo, y Pablo contestó tal otra.

Sin embargo, se habla de transversalidad, de centralidad y de otras cuestiones que no tienen un anclaje real ni preocupan de verdad a la gente que sufre el paro, la precariedad y los recortes. Esas personas que tienen dos trabajos y aún así no llegan a final de mes; esas estudiantes que tienen que abandonar la universidad porque no pueden afrontar los gastos; esos parados de larga duración que sobreviven con ayudas de miseria, o sin ninguna ayuda; esas familias desahuciadas por el banco; toda esa gente que tuvo que emigrar porque en este país ya no quedaba esperanza de un futuro; esta generación que parece que ha asumido que jamás se jubilará ni cobrará una pensión. A toda esa gente la maldita transversalidad le da lo mismo. Quiere soluciones a sus problemas.

Es responsabilidad de todas y todos volver a encauzar el debate, alejarnos de la dinámica de la confrontación y poner el foco en los problemas reales de esa mayoría social castigada por la crisis y las políticas neoliberales. Regresar a los orígenes de Podemos, a ese Podemos radical, rupturista, democrático y valiente que ilusionó a tanta gente en 2014, a ese Podemos que con el esfuerzo y la ilusión de tanta gente en tantos lugares quiso “mover ficha”.


domingo, 27 de noviembre de 2016

EL EQUIPO DE DESGOBIERNO




Ya llevamos un año y medio de legislatura, y poco a poco vamos viendo el color del pelaje de este equipo de gobierno municipal que tenemos en la capital del Besaya. Los dulces y atrayentes cantos de sirena que se escuchaban durante la campaña electoral van tornando en chillidos y graznidos con el paso del tiempo, como si aquella sirena se hubiese transfigurado en una bandada de gaviotas.

Tenemos en Torrelavega un equipo de gobierno que funciona a base de globos-sonda en la prensa. Casi todos los días nos encontramos con alguna foto en los diarios (escritos y digitales), acompañada de un titular que anuncia tal o cual medida: lamentablemente, la mayoría de esas medidas quedan en poco más que una declaración de intenciones. Si atendemos a los titulares, casi parece que Viadero es una especie de Ada Colau torrelaveguense: sin embargo, la realidad dentro del ayuntamiento es otra.

Desde sus nefastas políticas de personal (más de un centenar de vacantes en la RPT que no han sido cubiertas, y numerosos nombramientos “por resolución de alcaldía”) que están dejando la plantilla municipal en poco más que un esqueleto, apenas capaz de asumir todas las funciones que un ayuntamiento de este tamaño requiere; pasando por una cobardía infame al defender los intereses de la gente de Torrelavega frente a los aparatos de sus partidos y frente a las enormes empresas a las que se entregaron servicios públicos como la limpieza o las basuras; y hasta las privatizaciones encubiertas (algunas no tan encubiertas) de las empresas y servicios públicos que a nuestros mayores costó tanta lucha y esfuerzo conseguir.

Tomemos el ejemplo de la Agencia de Desarrollo Local (ADL): en una ciudad tan castigada por la crisis, el paro y los recortes, la ADL puede jugar un papel dinamizador fundamental, combatiendo el desempleo con todos los medios a su alcance y mejorando directamente la calidad de vida de la ciudadanía. Sin embargo la ADL sufre, al igual que muchas otras áreas de la corporación municipal, de falta de personal y de vacantes sin cubrir, lo que dificulta enormemente su labor, o incluso llega a imposibilitarla por completo.

Esta es la tónica en el ayuntamiento: los trabajadores y las trabajadoras que llevan a cabo la imprescindible labor diaria de mantener esta ciudad en marcha se enfrentan a falta de personal, falta de inversión, amenazas de privatizaciones y a la absoluta dejadez y desidia del equipo de gobierno. Mientras tanto, el equipo de gobierno se dedica a anunciar a bombo y platillo ideas a medio cocinar en la prensa (o, directamente, crudas). ¿Que tenemos un superávit de cuatro millones de euros? Lo mejor que se les ocurre es dárselo a los bancos, para amortizar deuda (la deuda de Torrelavega es baja, cercana al 20%). Pero poco después resulta que no se puede dragar la presa del Besaya (que abastece de agua a 80.000 personas, de Torrelavega y los municipios circundantes) porque no se dispone de 1,2 millones de euros para realizar el dragado (la presa lleva sin dragar desde que se hizo, en 1961). Una muestra más de que dos noticias se entienden mejor juntas.

¿Y la oposición? Al fin y al cabo, el equipo de gobierno PSOE-PRC está gobernando en minoría, y necesitan apoyo de otros grupos para llevar adelante sus medidas. De puertas para afuera, el equipo de gobierno es todo talante y predisposición al diálogo. Sin embargo, a la hora de la verdad, se presentan hechos consumados ya decididos por tres grupos políticos como si fuesen propuestas a debatir. El funcionamiento democrático de la corporación se ve constantemente bloqueado por los pseudo-socios del equipo de gobierno: aquellos que levantan el puño reivindicándose como “radicales”, pero que luego aprueban los presupuestos del PSOE-PRC.

Esto está perpetuando la espiral descendente en la que se halla nuestra ciudad: a la desindustrialización y el paro se le añade la ausencia de vida cultural, la agonía del pequeño comercio del centro (debido, fundamentalmente, al “monstruo” comercial de los Ochos), el derroche en obras innecesarias y la escasez del apoyo que el ayuntamiento muestra a la ciudadanía más castigada por la crisis, la austeridad y los recortes. Tenemos un equipo de gobierno que actúa dando bandazos, con la llamada “ley Montoro” como única guía y texto sagrado, y sin ningún tipo de plan o proyecto de ciudad.

Es necesario un proyecto que devuelva la ciudad a la gente, que potencie el comercio local y de cercanía en detrimento de las grandes superficies, que apueste por una economía de alto valor añadido, en la que la juventud no deba migrar en busca de trabajo; en resumen, una Torrelavega habitable para todos y todas. Y no se trata de un sueño imposible, ni una utopía: es de justicia, y es viable, pero hace falta coraje para defender Torrelavega y reclamar a las instituciones autonómicas y estatales lo que nos pertenece, hace falta un proyecto claro y voluntad política.

martes, 1 de noviembre de 2016

SÍ SE PUEDE, PERO NO QUIEREN




Hay un dicho muy popular, ilustrado en numerosas historias con moraleja, que viene a decir que no se aprecian realmente las cosas que se tienen hasta que se pierden. Es entonces que sentimos un hueco, una ausencia donde antes no se sentía nada: tan acostumbrados estábamos que habíamos dejado de notar la presencia, y ahora notamos la ausencia.

Los servicios públicos y el llamado estado del bienestar de los que disfrutamos (aunque cada vez menos, por obra y gracia de las tijeras de Rajoy, dirigidas por la Troika) son el resultado de un proceso histórico de luchas por parte de la propia gente de este país, por medio de numerosas huelgas, protestas y revueltas: aunque se repite insistentemente que fue el PSOE el que trajo el estado del bienestar, o incluso aquella flagrante mentira de “Franco inventó la seguridad social”, la realidad es que fueron las luchas de la gente las que trajeron ese estado del bienestar. Todas las conquistas, todos los derechos, desde la jornada de ocho horas, las jubilaciones o las vacaciones hasta el sistema público de salud o educación, absolutamente todos, son obra de la propia gente, que decidió luchar por esos derechos y por ese estado del bienestar.

Sin embargo, en las últimas décadas, tanto los servicios públicos como los derechos se han visto mermados, desmembrados o directamente privatizados. La lógica del mercado manda, y la idea de que toda empresa (incluyendo las empresas públicas) deben dar rendimientos económicos se ha infiltrado peligrosamente entre la clase política, no sólo en las fuerzas de la derecha (como era de esperar), si no también en algunos partidos nominalmente de izquierdas. Hemos llegado a un punto en el que el PSOE ha asumido completamente la lógica neoliberal, aplicándola incluso al sector público: privatización y externalización de servicios, que nos dejan un registro de 64 empresas públicas privatizadas durante los sucesivos gobiernos de Felipe González.

No es extraño, entonces, el posicionamiento del PSOE en determinadas cuestiones: sólo son más y más clavos en el ataúd que ellos mismos se fabricaron, un ataúd hecho de incoherencia, enorme, como la distancia que separa lo que dicen de lo que hacen.

Aquí en Torrelavega podemos ver varios ejemplos de ello: en su año y medio de rodadura, el equipo de gobierno nos ha dado varias muestras de que su intención es seguir la línea general de privatizaciones y externalizaciones. ¿El sistema de cobro del ferial de ganados? ¡Privatizado! ¿La gestión de la ludoteca municipal? ¡Privada! Es llamativo, pero es sólo el final del sendero que conduce a la privatización. Muchos servicios llevan ya algún tiempo en manos privadas (limpieza de las dependencias municipales, basuras, asistencia a domicilio...), y otros van camino de ello, al no renovarse su plantilla y trabajar en condiciones cada vez más paupérrimas. Luego vendrán diciendo que hay que privatizar porque el servicio no es eficiente, pero es normal que un servicio no sea eficiente si no se renueva la plantilla, si no se invierte lo suficiente en mantener ese servicio en buenas condiciones.

El más novedoso clavo que el equipo de gobierno ha clavado en su propio ataúd ha sido el voto en contra durante el último pleno a la moción presentada por los podemitas del Besaya: en ella pedimos que se declaren como servicios básicos esenciales todos aquellos servicios que debe prestar el ayuntamiento. Esto permitiría esquivar la “ley Montoro” y contratar a las personas necesarias para poder prestar servicios públicos y de calidad: la plantilla del ayuntamiento se encuentra en un estado precario, con unas ciento sesenta vacantes. Cada vez se ven más las interinidades, los nombramientos por resolución de alcaldía, la escasa reposición de vacantes y la nula voluntad política de cubrir las ofertas de empleo público (más de treinta ofertas de empleo público reservadas a promoción interna que siguen vacantes). Aquí un sangrante ejemplo: el servicio de informática y telecomunicaciones, que sólo cuenta con tres personas para llevar a cabo toda la labor del área (es decir, todos los equipos informáticos de la corporación municipal, entre otras cosas).

No se trata de una ocurrencia: diversos ayuntamientos están utilizando esta forma de evitar la “ley Montoro”, desde ayuntamientos gobernados por Podemos (Cádiz), IU (Zamora) o incluso el PP (Los Llanos de Aridane). Ante esta propuesta, el equipo de gobierno mostró no sólo una cobardía infame, si no también su escasa voluntad política para tomar medidas de gran calado, medidas absolutamente necesarias para sacar a Torrelavega del terrible marasmo económico y laboral en el que se encuentra.

Ya no pueden decir que no sabían cómo hacerlo: es posible pasar por encima de la “ley Montoro” que tanto denosta el PSOE, pero que siempre cita como muralla infranqueable para aplicar políticas sociales. Hemos demostrado una vez más que aquella consigna de los movimientos sociales responde a una realidad tangible: “¡Sí se puede, pero no quieren!”


lunes, 10 de octubre de 2016

CONTRA LA MALA GESTIÓN



Muchas veces escuchamos determinadas palabras o expresiones, en los medios de comunicación, que se acaban infiltrando en el vocabulario de la ciudadanía. En ocasiones, estas expresiones se utilizan para referirse a algo muy diferente del significado original de la palabra: todos y todas recordamos el “talante” de ZP, por poner un ejemplo.

Desde hace algún tiempo, hay una expresión repetida una y otra vez por la ciudadanía acerca de la labor de determinados cargos públicos: “mala gestión”. Supongo que el término se usa por analogía con la empresa privada, en la que la valoración de la gestión (buena o mala) se hace en función de las tasas de beneficio (ya pueda ser a corto, medio o largo plazo). Sin embargo, la gestión en una empresa pública es un concepto diferente: no depende de las tasas de beneficio que obtiene, si no del servicio que presta a la comunidad que la creó y que la sostiene.

Por ejemplo: imaginemos una empresa pública cuya gestión lleve a no cumplir adecuadamente con los objetivos para los que fue creada. Imaginemos que, además, se han cometido numerosas irregularidades durante esa gestión: puede que algunas sean legales, pero son éticamente censurables. Hablamos de mala gestión, claro. Pero ¿es por incompetencia de los gestores? ¿Es razonable asumir que, simplemente, “lo han hecho mal”?

Es muy poco probable que en esa hipotética empresa pública se hubiese colocado a un incompetente. Es mucho más probable que esa “mala gestión” para la ciudadanía, para la mayoría social, sea en realidad una muy buena gestión para determinadas élites financieras y políticas (sean del ámbito que sean), o incluso para los intereses personales de ese hipotético gestor.

Valga este hipotético ejemplo para ver que el concepto de gestión en una empresa pública tiene más que ver con los sectores de la sociedad beneficiados o perjudicados por esa gestión, y menos con un supuesto baremo objetivo que mida la efectividad de la gestión (¿Alguien ha visto alguna vez un gestionómetro?).

Lo que debiera ser una buena gestión es una gestión dirigida a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la ciudadanía, que permita que el dinero que sale de los impuestos de todas y todos revierta en la ciudadanía y haga disminuir la desigualdad social. En definitiva, una transferencia de renta desde quienes más tienen hacia quienes menos tienen. Una mala gestión es, justamente, lo contrario: una gestión que empobrece a la mayoría de la población y beneficia sólo a la minoría en la cúspide de la pirámide. Por tanto, un modelo de gestión pública que entregue el dinero de los y las contribuyentes a empresas privadas sin exigir prácticamente ninguna contrapartida es un modelo de mala gestión.

En estos tiempos turbulentos en los que los partidos del régimen del 78 se aferran desesperadamente a las partes que les interesan de la constitución, conviene recordar un artículo de este texto que muchas veces se pasa por alto: el artículo 128.1: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.”. Es muy revelador que se refiera al interés general así, en genérico. Sería razonable suponer que el interés general fuese el interés de la mayoría social, pero queda abierto a interpretaciones. De hecho, si se observan las decisiones de los sucesivos gobiernos que hemos tenido, parece que el interés general del país coincidiese siempre con el interés general del IBEX35. Con esa idea en mente claro que han realizado una magnífica gestión: en el IBEX están contentísimos, y no hay duda de que consideran a Mariano Rajoy y al PP como los mejores gestores posibles... para beneficiar sus propios intereses.

El problema es que los intereses del IBEX35 son completamente contrarios a los intereses de la mayoría social, de la ciudadanía que se levanta por las mañanas para ir al trabajo (o para buscar trabajo), que tiene que pagar sus facturas y alimentar a su prole. Mientras que la mayoría social prefiere salarios más altos, más derechos laborales y mejores servicios públicos, el IBEX35 prefiere justo lo contrario (lo cual aumenta sus beneficios). Y estamos viendo claramente los intereses de qué sector se están teniendo en cuenta, y los derechos de qué sector están siendo pisoteados y recortados.

En la comarca del Besaya tenemos un ejemplo muy bueno y de rabiosa actualidad: el controvertido proyecto (o, más bien, pelotazo) del PSIR de “las Excavadas”. Se trata de un proyecto de, aproximadamente, cuarenta y cinco millones de euros que pretende remover y hormigonar el terreno de las Excavadas y circundante, para construir un polígono industrial (parque científico-tecnológico lo llaman) por el cual ninguna empresa ha manifestado el más mínimo interés. Bueno, al menos por establecerse en el terreno: seguro que para la construcción del polígono hay muchas, muchas empresas interesadas. Entonces, ¿por qué el equipo de gobierno quiere gastar esos cuarenta y cinco millones en hormigonar si saben positivamente que no hay empresas interesadas en instalarse (o que, si las hay, ya tienen espacio de sobra en los polígonos existentes)? ¿Es que son acaso torpes e incompetentes?

No son torpes e incompetentes, desde luego (salvando algunas excepciones). Es un ejemplo clarísimo de que la gestión no es buena o mala: aunque el ejemplo del PSIR de las Excavadas sea una pésima gestión para los intereses de la mayor parte de la población de Torrelavega, es un ejemplo de magnífica gestión para las empresas constructoras que se dediquen a la descomunal obra.

Que esos cuarenta y cinco millones reviertan en la ciudadanía mediante la creación de empleo de alto valor añadido, la inversión en i+d+i y la revitalización del casco urbano y el comercio local (tal y como propuso el Secretario General de Podemos Cantabria, Julio Revuelta) es el ejemplo contrario: de llevarse a cabo, se tratará de un ejemplo de magnífica gestión para la mayoría de los y las torrelaveguenses, que tendrán empleos, verán resurgir la industria y reflorecer el comercio local: en definitiva, mejorará las condiciones de vida de la mayoría. Claro, que igual a las empresas constructoras no les parece tan buena gestión.

¿Mala gestión? Depende de para quién.

martes, 27 de septiembre de 2016

EL DESCRÉDITO DE LA POLÍTICA




Llevamos ya muchas décadas inmersos en el neoliberalismo, la ideología política y económica que aboga por privatizar todo lo público, permitir la libre circulación de mercancías y capitales entre las naciones (lo de la libre circulación de las personas ya es otro asunto...) y adelgazar hasta el mínimo imprescindible la estructura del estado. Tanto tiempo llevamos viviendo esto que la mayoría de la gente ya ha asumido que la realidad es así, y que siempre ha sido así. Pero resulta que eso es mentira: viene desde los años 70, aunque tuvo una versión anterior (el liberalismo) que provocó dos guerras mundiales y recesiones sin precedentes allá a principios del siglo pasado.

Las políticas neoliberales comenzaron a aplicarse en el Chile de Pinochet, o en la Argentina de Videla. Dio el salto con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y desde entonces se ha convertido en la ideología hegemónica. Apenas cincuenta años, y el neoliberalismo ha cambiado el mundo. Conquistas como la sanidad universal, la educación pública o los derechos laborales han sido dinamitadas en mayor o menor grado en casi todas las naciones del mundo. El omnipresente poder de los estados que todo el mundo asumía en la Europa de posguerra ha sido sustituido en la realidad y en las mentes de las personas por el omnipresente poder de las corporaciones transnacionales.

Una de las premisas básicas del neoliberalismo es quebrar el poder sindical: la auto-organización de los trabajadores y trabajadoras y el poder de la negociación colectiva eran completamente antagónicos al poder desmesurado que esta ideología quería dar a la empresa privada. Dejar a los trabajadores y las trabajadoras en un estado de indefensión frente a la patronal era indispensable para esta ideología. Y lo lograron, vaya si lo lograron. Margaret Thatcher aplastó a los sindicatos mineros en los años 80, lo que marcó el toque de difuntos del sindicalismo. Desde entonces en todas partes los sindicatos han sido sobornados y corrompidos por la patronal, forzados a aceptar las condiciones más vergonzosas para las trabajadoras y los trabajadores. El descrédito de las organizaciones sindicales (al menos de los sindicatos de masas) ha sido algo generalizado en las últimas décadas, hasta el punto de que ha bajado enormemente la afiliación. Esto se ha traducido en destrucción de derechos laborales, claudicaciones y muy pocas huelgas generales (el instrumento último de lucha sindical contra la patronal).

Estamos viviendo un proceso similar y paralelo con la llamada “clase política”, que aunque se deja sentir en casi todas partes del mundo, en el estado español es especialmente sangrante: la corrupción desenfrenada de nuestros y nuestras representantes públicos, en particular de los dos grandes partidos políticos que se han turnado en el poder desde la transición. No es algo nuevo, no se trata sólo de la Gurtel, Fernández Díaz y Bárcenas: recordemos a Luis Roldán, a Mariano Rubio, recordemos al “Señor X”. No se trata de manzanas podridas: el mismo sistema está pensado para permitir y favorecer esos comportamientos, y la ciudadanía ya ha asumido que las personas que entran en política lo hacen para lucrarse, que “eso es así” y que “todos (y todas) son iguales”.

Esa perniciosa idea se ha infiltrado en las mentes de la ciudadanía, y tiene un grave peligro: por definición, los representantes públicos son elegidos democráticamente por el pueblo para que lleven a cabo las políticas de sus programas. Pero se ha asumido que “ningún partido cumple nunca con los programas”. De modo que votamos rostros, votamos logos y votamos colores. Y hemos acabado despolitizados (y despolitizadas).

Ahora una nueva idea se está infiltrando en la opinión pública, con mucha fuerza: tiene que haber gobierno ya. No podemos esperar más. Pero esta idea pasa por alto muchas cosas: tiene que haber gobierno, pero ¿qué gobierno? ¿Qué políticas va a implementar ese gobierno? ¿Vale acaso cualquier gobierno para la ciudadanía? ¿Nos sirve un gobierno que siga aplicando las políticas neoliberales de privatización salvaje? ¿Nos sirve un gobierno que destruya derechos y libertades por medio de leyes-mordaza? ¿Nos sirve un gobierno que trocea los empleos (y los sueldos) para maquillar las cifras del paro?¿Nos sirve un gobierno que aplique un recorte brutal al estado del bienestar, como recomienda Bruselas? ¿De verdad la prioridad es que haya gobierno, el que sea?

Necesitamos un gobierno que no se arrodille ante la troika, el IBEX35 y las demás transnacionales, un gobierno que no asuma como inevitables los principios del neoliberalismo, y que haga política para la mayoría de la población, tan castigada por la crisis económica, la precariedad laboral, los recortes sociales y en general todo aquello que trae aparejado esa perniciosa ideología. Necesitamos un gobierno que nos inste a recuperar nuestros derechos y libertades, luchando en las instituciones, pero también en las calles. Lo que necesitamos, sin duda, es un cambio de modelo. Veremos quién apuesta por ese cambio, y quién quiere continuar con el mismo sistema.