viernes, 24 de febrero de 2017

EL BARCO SE HUNDE



Otro año más, y otros nuevos presupuestos para Torrelavega: el PP ha apoyado los presupuestos del PSOE-PRC, por lo que ya está “todo el pescado vendido”. Se repite lo sucedido el año anterior: la “Gran coalición” es ya un hecho en nuestro ayuntamiento, al igual que en el congreso de los diputados.

El paro y la precariedad azotan a la población torrelaveguense. Sin embargo, más del 90% de las inversiones del presupuesto de 2017 se destinarán a obras. El equipo de gobierno sigue ahondando en el modelo del ladrillo, sin darse cuenta (o sin querer darse cuenta) de que la burbuja inmobiliaria estalló hace ya casi una década. ¿Medidas contra el desempleo? Parece que esa no es la preocupación principal del equipo de gobierno municipal.

El portavoz del PP, el señor Calderón-Ciriza, ha anunciado que aprobarán los presupuestos del PSOE-PRC porque, en sus propias palabras, “el 61% de las inversiones previstas para este año llevan nuestra denominación de origen, porque son parte del programa electoral del PP”. Es bastante revelador que haya tantas coincidencias en los programas del PP, el PSOE y el PRC (y, de rebote, el de ACPT, que también aprobará los presupuestos); que sean tan similares sus formas de entender la sociedad; que es tan parecida su forma de hacer política. La Gran coalición que se ha gestado en los últimos tiempos en todos los niveles de la administración del estado ha sido posible por la similitud política del PP y del PSOE.

Un modelo presupuestario para 2017 con un 61% de “denominación de origen del PP” no es lo que Torrelavega necesita, y no los hemos apoyado. El alcalde quiere venderlos como unos presupuestos de consenso porque el PP y sus pseudo-socios de gobierno los han aprobado. Pero gastar el dinero público en obras y más obras no va a solucionar los problemas de paro y precariedad de Torrelavega: tan solo tendremos una ciudad muy bonita en cuya contemplación se podrán deleitar las miles de personas en paro de la ciudad.

En lugar de gastarse casi cinco millones de euros en obras diversas, proponemos destinar el montante de las obras más onerosas e innecesarias, como el cubrimiento (y no “cubrición”; señor Pérez Noriega, mire usted el diccionario) del parque Manuel Barquín o la pasarela peatonal; y destinarlo a un potente plan de empleo para hacer frente al principal problema de Torrelavega: el paro. También proponemos destinar una partida presupuestaria para la RPT, y que se cubran las más de cien vacantes en el personal del ayuntamiento. No son soluciones mágicas, pero contribuirían a paliar los efectos de la precariedad y el desempleo en el municipio.

Torrelavega pierde población a gran velocidad: tan sólo somos ya 52.000 torrelaveguenses, y con una media de edad bastante alta. La juventud busca hacer su vida en otros lugares, porque ven claramente que aquí no queda futuro para nadie: la mayoría de la gente que estudió conmigo vive fuera de Torrelavega, fuera de Cantabria. Hay cada vez menos niños y niñas, y más ancianas y ancianos. La que fue la “Ciudad del Dólar” va camino de convertirse en el “Páramo del Dracma”.

No queremos un equipo de gobierno municipal servil y sumiso que mendigue al gobierno de Cantabria unas limosnas porque se deben a su partido antes que a la ciudadanía. El barco que es Torrelavega está zozobrando en la tormenta, y tenemos unos timoneles torpes y cobardes. Es necesaria voluntad política para encarar los problemas de Torrelavega, y valor para enfrentarse a las administraciones superiores del estado reclamando inversión para la ciudad.

viernes, 10 de febrero de 2017

¡VAYA ESPECTÁCULO!




Esta misma mañana, un vecino me ha parado en el portal. “Vaya espectáculo estáis dando, con Iglesias y Errejón dándose de palos”. He tenido que poner una sonrisa de circunstancias y darle la razón.

Vistalegre dos, el congreso que decidirá el rumbo de Podemos durante el periodo que se abre, no está cumpliendo las expectativas que teníamos buena parte de la militancia. Lo que debiera ser un amplio debate centrado en analizar lo sucedido hasta el momento y en buscar colectivamente soluciones a la terrible situación de paro, precariedad, recortes y privatizaciones que la ciudadanía vive en sus carnes día a día se ha convertido en un enfrentamiento atroz y despiadado entre pablistas y errejonistas. Los medios de comunicación se han encargado de magnificar y enfangar este enfrentamiento, reduciéndolo a una lucha de caras y de egos.

La gente de Podemos en Movimiento (la tercera candidatura de este proceso de Vistalegre 2, encabezada por Teresa Rodríguez y el eurodiputado y cofundador de Podemos Miguel Urbán, que agrupa a gente de Anticapitalistas y de otros sectores) estamos viendo este enfrentamiento desde la primera línea, llamando constantemente a la paz y al sano y constructivo debate.

La “máquina de guerra electoral” que salió del primer Vistalegre se ha escacharrado, colapsada por sus propios errores de diseño. Esta “máquina” vertical y centralista contra la que ya advertimos en su momento la gente de Anticapitalistas ha demostrado ser “una verdadera máquina de triturar militantes, sueños y entusiasmos” (en palabras del compañero Josep Maria Antentas). Vaciar los círculos, crear una burocracia vertical, apostarlo todo en el terreno electoral y sacrificar muchos de los principios programáticos del manifiesto fundacional de Podemos (Mover ficha) nos ha hecho acercarnos mucho a los partidos tradicionales, a la tan denostada “vieja política” contra la que tanto clamaban muchos de los operarios de la máquina.

De nuevo, la gente de Podemos estamos inmersas en otro proceso interno. Pero en lugar de hablar claro de los problemas de la mayoría y plantear soluciones muchas veces se habla de la lucha de egos y de conceptos académicos que poco tienen que ver con la vida de la gente (por ejemplo, la maldita transversalidad).

¿Auditoría de la deuda? La deuda del estado español es mayor que su PIB. Necesitamos saber a quién se debe, y en qué condiciones se contrajeron esas deudas. La deuda ilegítima no se paga. Pero se habla del enfrentamiento entre pablistas y errejonistas, no de la deuda.

¿Banca pública? La banca fue rescatada con más de sesenta mil millones de dinero público; esa misma banca que se había enriquecido engañando a millones de personas al ofrecerles hipotecas que sabían que no podrían pagar, esa banca que echa a la gente de sus casas, y que a día de hoy sigue teniendo enormes beneficios. Pero no se habla de banca pública. En su lugar, se ponen panoplias de cartón de Pablo Iglesias.

¿Nacionalización de las eléctricas y derogación de la Ley 54/1997 del Sector Eléctrico? Hay 7000 muertes al año por pobreza energética, y el precio del Kilowatio/hora ronda los 100€. Pero se habla de duelo de egos, y no de las eléctricas.

¿La república? Ya está bien de mantener con grandes cantidades de dinero público a la Familia real, sucesores del terrible y sangriento dictador Franco. La corrupción salpica a los Borbones, desde la infanta Cristina al Rey Emérito. Pero no se habla de república, se habla del recrudecimiento de las hostilidades entre los de Errejón y los de Iglesias.

¿Derogación de las reformas laborales? El paro y la precariedad son los principales problemas a los que nos enfrentamos como sociedad: nos están robando el futuro. Sin embargo, se habla de que Íñigo dijo tal cosa de Pablo, y Pablo contestó tal otra.

Sin embargo, se habla de transversalidad, de centralidad y de otras cuestiones que no tienen un anclaje real ni preocupan de verdad a la gente que sufre el paro, la precariedad y los recortes. Esas personas que tienen dos trabajos y aún así no llegan a final de mes; esas estudiantes que tienen que abandonar la universidad porque no pueden afrontar los gastos; esos parados de larga duración que sobreviven con ayudas de miseria, o sin ninguna ayuda; esas familias desahuciadas por el banco; toda esa gente que tuvo que emigrar porque en este país ya no quedaba esperanza de un futuro; esta generación que parece que ha asumido que jamás se jubilará ni cobrará una pensión. A toda esa gente la maldita transversalidad le da lo mismo. Quiere soluciones a sus problemas.

Es responsabilidad de todas y todos volver a encauzar el debate, alejarnos de la dinámica de la confrontación y poner el foco en los problemas reales de esa mayoría social castigada por la crisis y las políticas neoliberales. Regresar a los orígenes de Podemos, a ese Podemos radical, rupturista, democrático y valiente que ilusionó a tanta gente en 2014, a ese Podemos que con el esfuerzo y la ilusión de tanta gente en tantos lugares quiso “mover ficha”.


domingo, 27 de noviembre de 2016

EL EQUIPO DE DESGOBIERNO




Ya llevamos un año y medio de legislatura, y poco a poco vamos viendo el color del pelaje de este equipo de gobierno municipal que tenemos en la capital del Besaya. Los dulces y atrayentes cantos de sirena que se escuchaban durante la campaña electoral van tornando en chillidos y graznidos con el paso del tiempo, como si aquella sirena se hubiese transfigurado en una bandada de gaviotas.

Tenemos en Torrelavega un equipo de gobierno que funciona a base de globos-sonda en la prensa. Casi todos los días nos encontramos con alguna foto en los diarios (escritos y digitales), acompañada de un titular que anuncia tal o cual medida: lamentablemente, la mayoría de esas medidas quedan en poco más que una declaración de intenciones. Si atendemos a los titulares, casi parece que Viadero es una especie de Ada Colau torrelaveguense: sin embargo, la realidad dentro del ayuntamiento es otra.

Desde sus nefastas políticas de personal (más de un centenar de vacantes en la RPT que no han sido cubiertas, y numerosos nombramientos “por resolución de alcaldía”) que están dejando la plantilla municipal en poco más que un esqueleto, apenas capaz de asumir todas las funciones que un ayuntamiento de este tamaño requiere; pasando por una cobardía infame al defender los intereses de la gente de Torrelavega frente a los aparatos de sus partidos y frente a las enormes empresas a las que se entregaron servicios públicos como la limpieza o las basuras; y hasta las privatizaciones encubiertas (algunas no tan encubiertas) de las empresas y servicios públicos que a nuestros mayores costó tanta lucha y esfuerzo conseguir.

Tomemos el ejemplo de la Agencia de Desarrollo Local (ADL): en una ciudad tan castigada por la crisis, el paro y los recortes, la ADL puede jugar un papel dinamizador fundamental, combatiendo el desempleo con todos los medios a su alcance y mejorando directamente la calidad de vida de la ciudadanía. Sin embargo la ADL sufre, al igual que muchas otras áreas de la corporación municipal, de falta de personal y de vacantes sin cubrir, lo que dificulta enormemente su labor, o incluso llega a imposibilitarla por completo.

Esta es la tónica en el ayuntamiento: los trabajadores y las trabajadoras que llevan a cabo la imprescindible labor diaria de mantener esta ciudad en marcha se enfrentan a falta de personal, falta de inversión, amenazas de privatizaciones y a la absoluta dejadez y desidia del equipo de gobierno. Mientras tanto, el equipo de gobierno se dedica a anunciar a bombo y platillo ideas a medio cocinar en la prensa (o, directamente, crudas). ¿Que tenemos un superávit de cuatro millones de euros? Lo mejor que se les ocurre es dárselo a los bancos, para amortizar deuda (la deuda de Torrelavega es baja, cercana al 20%). Pero poco después resulta que no se puede dragar la presa del Besaya (que abastece de agua a 80.000 personas, de Torrelavega y los municipios circundantes) porque no se dispone de 1,2 millones de euros para realizar el dragado (la presa lleva sin dragar desde que se hizo, en 1961). Una muestra más de que dos noticias se entienden mejor juntas.

¿Y la oposición? Al fin y al cabo, el equipo de gobierno PSOE-PRC está gobernando en minoría, y necesitan apoyo de otros grupos para llevar adelante sus medidas. De puertas para afuera, el equipo de gobierno es todo talante y predisposición al diálogo. Sin embargo, a la hora de la verdad, se presentan hechos consumados ya decididos por tres grupos políticos como si fuesen propuestas a debatir. El funcionamiento democrático de la corporación se ve constantemente bloqueado por los pseudo-socios del equipo de gobierno: aquellos que levantan el puño reivindicándose como “radicales”, pero que luego aprueban los presupuestos del PSOE-PRC.

Esto está perpetuando la espiral descendente en la que se halla nuestra ciudad: a la desindustrialización y el paro se le añade la ausencia de vida cultural, la agonía del pequeño comercio del centro (debido, fundamentalmente, al “monstruo” comercial de los Ochos), el derroche en obras innecesarias y la escasez del apoyo que el ayuntamiento muestra a la ciudadanía más castigada por la crisis, la austeridad y los recortes. Tenemos un equipo de gobierno que actúa dando bandazos, con la llamada “ley Montoro” como única guía y texto sagrado, y sin ningún tipo de plan o proyecto de ciudad.

Es necesario un proyecto que devuelva la ciudad a la gente, que potencie el comercio local y de cercanía en detrimento de las grandes superficies, que apueste por una economía de alto valor añadido, en la que la juventud no deba migrar en busca de trabajo; en resumen, una Torrelavega habitable para todos y todas. Y no se trata de un sueño imposible, ni una utopía: es de justicia, y es viable, pero hace falta coraje para defender Torrelavega y reclamar a las instituciones autonómicas y estatales lo que nos pertenece, hace falta un proyecto claro y voluntad política.

martes, 1 de noviembre de 2016

SÍ SE PUEDE, PERO NO QUIEREN




Hay un dicho muy popular, ilustrado en numerosas historias con moraleja, que viene a decir que no se aprecian realmente las cosas que se tienen hasta que se pierden. Es entonces que sentimos un hueco, una ausencia donde antes no se sentía nada: tan acostumbrados estábamos que habíamos dejado de notar la presencia, y ahora notamos la ausencia.

Los servicios públicos y el llamado estado del bienestar de los que disfrutamos (aunque cada vez menos, por obra y gracia de las tijeras de Rajoy, dirigidas por la Troika) son el resultado de un proceso histórico de luchas por parte de la propia gente de este país, por medio de numerosas huelgas, protestas y revueltas: aunque se repite insistentemente que fue el PSOE el que trajo el estado del bienestar, o incluso aquella flagrante mentira de “Franco inventó la seguridad social”, la realidad es que fueron las luchas de la gente las que trajeron ese estado del bienestar. Todas las conquistas, todos los derechos, desde la jornada de ocho horas, las jubilaciones o las vacaciones hasta el sistema público de salud o educación, absolutamente todos, son obra de la propia gente, que decidió luchar por esos derechos y por ese estado del bienestar.

Sin embargo, en las últimas décadas, tanto los servicios públicos como los derechos se han visto mermados, desmembrados o directamente privatizados. La lógica del mercado manda, y la idea de que toda empresa (incluyendo las empresas públicas) deben dar rendimientos económicos se ha infiltrado peligrosamente entre la clase política, no sólo en las fuerzas de la derecha (como era de esperar), si no también en algunos partidos nominalmente de izquierdas. Hemos llegado a un punto en el que el PSOE ha asumido completamente la lógica neoliberal, aplicándola incluso al sector público: privatización y externalización de servicios, que nos dejan un registro de 64 empresas públicas privatizadas durante los sucesivos gobiernos de Felipe González.

No es extraño, entonces, el posicionamiento del PSOE en determinadas cuestiones: sólo son más y más clavos en el ataúd que ellos mismos se fabricaron, un ataúd hecho de incoherencia, enorme, como la distancia que separa lo que dicen de lo que hacen.

Aquí en Torrelavega podemos ver varios ejemplos de ello: en su año y medio de rodadura, el equipo de gobierno nos ha dado varias muestras de que su intención es seguir la línea general de privatizaciones y externalizaciones. ¿El sistema de cobro del ferial de ganados? ¡Privatizado! ¿La gestión de la ludoteca municipal? ¡Privada! Es llamativo, pero es sólo el final del sendero que conduce a la privatización. Muchos servicios llevan ya algún tiempo en manos privadas (limpieza de las dependencias municipales, basuras, asistencia a domicilio...), y otros van camino de ello, al no renovarse su plantilla y trabajar en condiciones cada vez más paupérrimas. Luego vendrán diciendo que hay que privatizar porque el servicio no es eficiente, pero es normal que un servicio no sea eficiente si no se renueva la plantilla, si no se invierte lo suficiente en mantener ese servicio en buenas condiciones.

El más novedoso clavo que el equipo de gobierno ha clavado en su propio ataúd ha sido el voto en contra durante el último pleno a la moción presentada por los podemitas del Besaya: en ella pedimos que se declaren como servicios básicos esenciales todos aquellos servicios que debe prestar el ayuntamiento. Esto permitiría esquivar la “ley Montoro” y contratar a las personas necesarias para poder prestar servicios públicos y de calidad: la plantilla del ayuntamiento se encuentra en un estado precario, con unas ciento sesenta vacantes. Cada vez se ven más las interinidades, los nombramientos por resolución de alcaldía, la escasa reposición de vacantes y la nula voluntad política de cubrir las ofertas de empleo público (más de treinta ofertas de empleo público reservadas a promoción interna que siguen vacantes). Aquí un sangrante ejemplo: el servicio de informática y telecomunicaciones, que sólo cuenta con tres personas para llevar a cabo toda la labor del área (es decir, todos los equipos informáticos de la corporación municipal, entre otras cosas).

No se trata de una ocurrencia: diversos ayuntamientos están utilizando esta forma de evitar la “ley Montoro”, desde ayuntamientos gobernados por Podemos (Cádiz), IU (Zamora) o incluso el PP (Los Llanos de Aridane). Ante esta propuesta, el equipo de gobierno mostró no sólo una cobardía infame, si no también su escasa voluntad política para tomar medidas de gran calado, medidas absolutamente necesarias para sacar a Torrelavega del terrible marasmo económico y laboral en el que se encuentra.

Ya no pueden decir que no sabían cómo hacerlo: es posible pasar por encima de la “ley Montoro” que tanto denosta el PSOE, pero que siempre cita como muralla infranqueable para aplicar políticas sociales. Hemos demostrado una vez más que aquella consigna de los movimientos sociales responde a una realidad tangible: “¡Sí se puede, pero no quieren!”


lunes, 10 de octubre de 2016

CONTRA LA MALA GESTIÓN



Muchas veces escuchamos determinadas palabras o expresiones, en los medios de comunicación, que se acaban infiltrando en el vocabulario de la ciudadanía. En ocasiones, estas expresiones se utilizan para referirse a algo muy diferente del significado original de la palabra: todos y todas recordamos el “talante” de ZP, por poner un ejemplo.

Desde hace algún tiempo, hay una expresión repetida una y otra vez por la ciudadanía acerca de la labor de determinados cargos públicos: “mala gestión”. Supongo que el término se usa por analogía con la empresa privada, en la que la valoración de la gestión (buena o mala) se hace en función de las tasas de beneficio (ya pueda ser a corto, medio o largo plazo). Sin embargo, la gestión en una empresa pública es un concepto diferente: no depende de las tasas de beneficio que obtiene, si no del servicio que presta a la comunidad que la creó y que la sostiene.

Por ejemplo: imaginemos una empresa pública cuya gestión lleve a no cumplir adecuadamente con los objetivos para los que fue creada. Imaginemos que, además, se han cometido numerosas irregularidades durante esa gestión: puede que algunas sean legales, pero son éticamente censurables. Hablamos de mala gestión, claro. Pero ¿es por incompetencia de los gestores? ¿Es razonable asumir que, simplemente, “lo han hecho mal”?

Es muy poco probable que en esa hipotética empresa pública se hubiese colocado a un incompetente. Es mucho más probable que esa “mala gestión” para la ciudadanía, para la mayoría social, sea en realidad una muy buena gestión para determinadas élites financieras y políticas (sean del ámbito que sean), o incluso para los intereses personales de ese hipotético gestor.

Valga este hipotético ejemplo para ver que el concepto de gestión en una empresa pública tiene más que ver con los sectores de la sociedad beneficiados o perjudicados por esa gestión, y menos con un supuesto baremo objetivo que mida la efectividad de la gestión (¿Alguien ha visto alguna vez un gestionómetro?).

Lo que debiera ser una buena gestión es una gestión dirigida a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la ciudadanía, que permita que el dinero que sale de los impuestos de todas y todos revierta en la ciudadanía y haga disminuir la desigualdad social. En definitiva, una transferencia de renta desde quienes más tienen hacia quienes menos tienen. Una mala gestión es, justamente, lo contrario: una gestión que empobrece a la mayoría de la población y beneficia sólo a la minoría en la cúspide de la pirámide. Por tanto, un modelo de gestión pública que entregue el dinero de los y las contribuyentes a empresas privadas sin exigir prácticamente ninguna contrapartida es un modelo de mala gestión.

En estos tiempos turbulentos en los que los partidos del régimen del 78 se aferran desesperadamente a las partes que les interesan de la constitución, conviene recordar un artículo de este texto que muchas veces se pasa por alto: el artículo 128.1: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.”. Es muy revelador que se refiera al interés general así, en genérico. Sería razonable suponer que el interés general fuese el interés de la mayoría social, pero queda abierto a interpretaciones. De hecho, si se observan las decisiones de los sucesivos gobiernos que hemos tenido, parece que el interés general del país coincidiese siempre con el interés general del IBEX35. Con esa idea en mente claro que han realizado una magnífica gestión: en el IBEX están contentísimos, y no hay duda de que consideran a Mariano Rajoy y al PP como los mejores gestores posibles... para beneficiar sus propios intereses.

El problema es que los intereses del IBEX35 son completamente contrarios a los intereses de la mayoría social, de la ciudadanía que se levanta por las mañanas para ir al trabajo (o para buscar trabajo), que tiene que pagar sus facturas y alimentar a su prole. Mientras que la mayoría social prefiere salarios más altos, más derechos laborales y mejores servicios públicos, el IBEX35 prefiere justo lo contrario (lo cual aumenta sus beneficios). Y estamos viendo claramente los intereses de qué sector se están teniendo en cuenta, y los derechos de qué sector están siendo pisoteados y recortados.

En la comarca del Besaya tenemos un ejemplo muy bueno y de rabiosa actualidad: el controvertido proyecto (o, más bien, pelotazo) del PSIR de “las Excavadas”. Se trata de un proyecto de, aproximadamente, cuarenta y cinco millones de euros que pretende remover y hormigonar el terreno de las Excavadas y circundante, para construir un polígono industrial (parque científico-tecnológico lo llaman) por el cual ninguna empresa ha manifestado el más mínimo interés. Bueno, al menos por establecerse en el terreno: seguro que para la construcción del polígono hay muchas, muchas empresas interesadas. Entonces, ¿por qué el equipo de gobierno quiere gastar esos cuarenta y cinco millones en hormigonar si saben positivamente que no hay empresas interesadas en instalarse (o que, si las hay, ya tienen espacio de sobra en los polígonos existentes)? ¿Es que son acaso torpes e incompetentes?

No son torpes e incompetentes, desde luego (salvando algunas excepciones). Es un ejemplo clarísimo de que la gestión no es buena o mala: aunque el ejemplo del PSIR de las Excavadas sea una pésima gestión para los intereses de la mayor parte de la población de Torrelavega, es un ejemplo de magnífica gestión para las empresas constructoras que se dediquen a la descomunal obra.

Que esos cuarenta y cinco millones reviertan en la ciudadanía mediante la creación de empleo de alto valor añadido, la inversión en i+d+i y la revitalización del casco urbano y el comercio local (tal y como propuso el Secretario General de Podemos Cantabria, Julio Revuelta) es el ejemplo contrario: de llevarse a cabo, se tratará de un ejemplo de magnífica gestión para la mayoría de los y las torrelaveguenses, que tendrán empleos, verán resurgir la industria y reflorecer el comercio local: en definitiva, mejorará las condiciones de vida de la mayoría. Claro, que igual a las empresas constructoras no les parece tan buena gestión.

¿Mala gestión? Depende de para quién.

martes, 27 de septiembre de 2016

EL DESCRÉDITO DE LA POLÍTICA




Llevamos ya muchas décadas inmersos en el neoliberalismo, la ideología política y económica que aboga por privatizar todo lo público, permitir la libre circulación de mercancías y capitales entre las naciones (lo de la libre circulación de las personas ya es otro asunto...) y adelgazar hasta el mínimo imprescindible la estructura del estado. Tanto tiempo llevamos viviendo esto que la mayoría de la gente ya ha asumido que la realidad es así, y que siempre ha sido así. Pero resulta que eso es mentira: viene desde los años 70, aunque tuvo una versión anterior (el liberalismo) que provocó dos guerras mundiales y recesiones sin precedentes allá a principios del siglo pasado.

Las políticas neoliberales comenzaron a aplicarse en el Chile de Pinochet, o en la Argentina de Videla. Dio el salto con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y desde entonces se ha convertido en la ideología hegemónica. Apenas cincuenta años, y el neoliberalismo ha cambiado el mundo. Conquistas como la sanidad universal, la educación pública o los derechos laborales han sido dinamitadas en mayor o menor grado en casi todas las naciones del mundo. El omnipresente poder de los estados que todo el mundo asumía en la Europa de posguerra ha sido sustituido en la realidad y en las mentes de las personas por el omnipresente poder de las corporaciones transnacionales.

Una de las premisas básicas del neoliberalismo es quebrar el poder sindical: la auto-organización de los trabajadores y trabajadoras y el poder de la negociación colectiva eran completamente antagónicos al poder desmesurado que esta ideología quería dar a la empresa privada. Dejar a los trabajadores y las trabajadoras en un estado de indefensión frente a la patronal era indispensable para esta ideología. Y lo lograron, vaya si lo lograron. Margaret Thatcher aplastó a los sindicatos mineros en los años 80, lo que marcó el toque de difuntos del sindicalismo. Desde entonces en todas partes los sindicatos han sido sobornados y corrompidos por la patronal, forzados a aceptar las condiciones más vergonzosas para las trabajadoras y los trabajadores. El descrédito de las organizaciones sindicales (al menos de los sindicatos de masas) ha sido algo generalizado en las últimas décadas, hasta el punto de que ha bajado enormemente la afiliación. Esto se ha traducido en destrucción de derechos laborales, claudicaciones y muy pocas huelgas generales (el instrumento último de lucha sindical contra la patronal).

Estamos viviendo un proceso similar y paralelo con la llamada “clase política”, que aunque se deja sentir en casi todas partes del mundo, en el estado español es especialmente sangrante: la corrupción desenfrenada de nuestros y nuestras representantes públicos, en particular de los dos grandes partidos políticos que se han turnado en el poder desde la transición. No es algo nuevo, no se trata sólo de la Gurtel, Fernández Díaz y Bárcenas: recordemos a Luis Roldán, a Mariano Rubio, recordemos al “Señor X”. No se trata de manzanas podridas: el mismo sistema está pensado para permitir y favorecer esos comportamientos, y la ciudadanía ya ha asumido que las personas que entran en política lo hacen para lucrarse, que “eso es así” y que “todos (y todas) son iguales”.

Esa perniciosa idea se ha infiltrado en las mentes de la ciudadanía, y tiene un grave peligro: por definición, los representantes públicos son elegidos democráticamente por el pueblo para que lleven a cabo las políticas de sus programas. Pero se ha asumido que “ningún partido cumple nunca con los programas”. De modo que votamos rostros, votamos logos y votamos colores. Y hemos acabado despolitizados (y despolitizadas).

Ahora una nueva idea se está infiltrando en la opinión pública, con mucha fuerza: tiene que haber gobierno ya. No podemos esperar más. Pero esta idea pasa por alto muchas cosas: tiene que haber gobierno, pero ¿qué gobierno? ¿Qué políticas va a implementar ese gobierno? ¿Vale acaso cualquier gobierno para la ciudadanía? ¿Nos sirve un gobierno que siga aplicando las políticas neoliberales de privatización salvaje? ¿Nos sirve un gobierno que destruya derechos y libertades por medio de leyes-mordaza? ¿Nos sirve un gobierno que trocea los empleos (y los sueldos) para maquillar las cifras del paro?¿Nos sirve un gobierno que aplique un recorte brutal al estado del bienestar, como recomienda Bruselas? ¿De verdad la prioridad es que haya gobierno, el que sea?

Necesitamos un gobierno que no se arrodille ante la troika, el IBEX35 y las demás transnacionales, un gobierno que no asuma como inevitables los principios del neoliberalismo, y que haga política para la mayoría de la población, tan castigada por la crisis económica, la precariedad laboral, los recortes sociales y en general todo aquello que trae aparejado esa perniciosa ideología. Necesitamos un gobierno que nos inste a recuperar nuestros derechos y libertades, luchando en las instituciones, pero también en las calles. Lo que necesitamos, sin duda, es un cambio de modelo. Veremos quién apuesta por ese cambio, y quién quiere continuar con el mismo sistema.


lunes, 5 de septiembre de 2016

A TODO NOS ACOSTUMBRAMOS





Cuenta una vieja historia que un hombre ató a un potrillo a un poste de madera. El potro tiraba y tiraba, pero sólo lograba tensar la cuerda: no tenía la fuerza suficiente como para romper la cuerda o arrancar el poste. Lo intentaba una y otra vez, sin éxito, hasta que, frustrado y deprimido, el potrillo dejó de tirar. Pasó el tiempo, y el potrillo se convirtió en un caballo. Sus músculos eran mucho más fuertes que antes, pero había pasado tanto tiempo atado que ya ni siquiera intentaba tirar. El caballo asumió como una realidad inmutable que su existencia misma estaba vinculada al poste.

Algo parecido le ha pasado al PSOE: el último día de diciembre de 2013 fue atado a un poste por el PP con la última modificación a la ley reguladora de régimen local. Esta modificación convierte la creación de organismos públicos municipales en un laberinto burocrático, además de ir en contra del espíritu original de la ley, que favorece la gestión pública de los servicios municipales básicos; y en contraposición a la tremenda facilidad para externalizar y privatizar estos servicios, de tan básica necesidad para la ciudadanía.

A esto tenemos que añadir la ley de estabilidad presupuestaria (de 2013, también del PP), que prioriza el pago de la deuda. Todo esto contribuye a atar de pies y manos a las corporaciones locales: los ayuntamientos, las instituciones más cercanas a la ciudadanía, han quedado reducidos a meros gestores de un menguante patrimonio de bienes y servicios que va pasando poco a poco a manos privadas, a las empresas y corporaciones.

En el último pleno del ayuntamiento de Torrelavega (30 de agosto) observamos una vez más un claro ejemplo de esto: la ludoteca municipal irá a gestión privada. El equipo de gobierno asume que está atado al poste, que está constreñido por la ley reguladora de régimen local y la ley de estabilidad presupuestaria. El servicio que va a ofrecer la ludoteca es, claramente, esencial para buena parte de la ciudadanía: permitirá la conciliación de la vida laboral y familiar en estos tiempos de precariedad y contratos basura.


El debate debería centrarse en ese rasgo: la imperiosa necesidad de la ludoteca (y de la creación de muchos otros “empleos blancos”, tan necesarios en una ciudad con la población tan envejecida como Torrelavega). Ese es el argumento que nos dará la fuerza para romper la cuerda y escapar del poste. Pero para eso hace falta voluntad política. ¿Estarán dispuestos todos los grupos políticos que participan de la gestión municipal?